Repiense en el recorrido a casa, y antes de detenerse en el punto de ventas de azar o en aquel bar que como imantado lo lleva a tomarse esos malos tragos.
Cierre por unos instantes sus ojos y mentalmente ubíquese en su hogar. Imagine si sus hijos tienen los pasajes para desplazarse a la escuela, o tal vez les falte una bolsa de leche o pan para salir desayunados de casa.
Quizá ha olvidado el encargo que le hizo su mamá o su esposa de aquella droguita que necesitan para sobrellevar algún dolor o cualquier otro tipo de enfermedad; la cuenta de servicios está vencida y le suspenderán necesidades básicas. No olvide la cartulina y otros elementos que le encargaron sus hijos para realizar las tareas. Usted tiene compromisos que cumplir o cumplir, y no puede dejarlos al azar o en el bar. Se puede, claro que se puede. Solo es tener en mente a nuestros seres queridos y entender que las tentaciones se evitan cuando les interponemos los deseos de superación. Tu trabajo y tu hogar están conectados como con un cordón umbilical, y recuerda que el salario que con tanto trabajo recibes tiene como prioridad el punto donde ese cordón termina: "tu hogar".
No más niños huérfanos por la irresponsabilidad de sus padres, como tampoco por la intolerancia que muchas veces termina segando la vida de nuestros seres amados.
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