Mohamed Bouazizi no ha muerto, la llama que acabó con su vida cuando se quemó hace un año en un pueblo de Túnez se extendió por todo el mundo árabe en forma de revolución. Así lo demostraron durante el fin de semana miles de personas que se congregaron para celebrar el primer aniversario de la Primavera Árabe.
La mecha de los levantamientos se encendió cuando el joven, licenciado universitario y desempleado, se prendió fuego desesperado porque la Policía le había confiscado su carro de frutas y verduras sin licencia. Más tarde, murió en el hospital.
La muerte de Mohamed Bouazizi destapó el malestar que se cocía a fuego lento por la pobreza, el desempleo, la corrupción y la represión. Las protestas estallaron por todo Túnez, obligando al autocrático presidente Zine Al Abidine Ben Ali a abandonar el país.
La revolución de Túnez inspiró a otros pueblos árabes a levantarse contra sus autoritarios gobernantes y los derrocaron en Egipto y Libia. El presidente de Yemen ha tenido que dejar paso a una transición democrática, mientras que el de Siria afronta una insurgencia que se propaga.
En Túnez miles de personas se congregaron en un ambiente festivo, bailando al ritmo de canciones populares a pesar del frío, y banderas y fotografías de los tunecinos muertos en los levantamientos decoraban las calles.
"El 17 de diciembre del año pasado, el mundo árabe empezó una nueva página de la historia, y eso es realmente una fuente de orgullo", dijo un hombre que se identificó como Emad.
Pero Manoubia Bouazizi, la madre de Mohamed, transmitió las preocupaciones subyacentes de muchos urgiendo a las autoridades tunecinas a aprovechar la revolución para proporcionarle una mejor calidad de vida a la población, especialmente a los jóvenes.
"Mi hijo se prendió fuego para garantizar la libertad para Túnez y el mundo árabe (...) Pido a las autoridades que presten atención a las zonas pobres y proporcionen trabajo a los jóvenes", dijo.
La revolución ha traído la libertad democrática por primera vez desde que Túnez se independizó de Francia en 1956, pero aún no se solucionan problemas como la pobreza y la falta de trabajo. De hecho, la revolución ha paralizado la economía al asustar a algunos turistas e inversionistas extranjeros.
"Los nuevos gobiernos deben entender el mensaje bien y ocuparse de nosotros y mejorar nuestras condiciones. Si no, la revolución volverá", afirmó Mansour Amamou, otro residente, que recuerda el sacrificio del joven Mohamed como un acto de valentía que le dio a los pueblos árabes el coraje para protestar.
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