El aumento de la criminalidad en las ciudades y el paralelo incremento en la percepción de inseguridad han provocado la petición de muy amplios sectores de la población de militarizar las ciudades colombianas.
Una encuesta reciente, por ejemplo, informó que cerca del 90% de los caleños requerían la presencia militar en las calles para recuperar la tranquilidad. Vale la pena revisar las diferencias entre las fuerzas militares y las de policía, pues muchos colombianos las desconocen.
La Constitución Nacional Colombiana establece que las Fuerzas Militares -Ejército, Armada y Fuerza Aérea- tendrán como finalidad primordial la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional (Artículo 217) y que la Policía Nacional, cuerpo armado permanente de naturaleza civil, tendrá como fin primordial mantener las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz (Artículo 218). Dicho en otras palabras, las Fuerzas Militares se orientan a defender la soberanía del Estado y la integridad del territorio, y la Policía es la responsable de la convivencia de los colombianos.
Ante el aumento de los delitos violentos que deja la sensación de haber desbordado las capacidades policiales, la percepción de corrupción e ineficacia de la Policía y la Justicia y la exigencia ciudadana de respuestas rápidas y efectivas a la delincuencia, la gente confía en que el mejor entrenamiento y disciplina de los militares los hace más aptos que la Policía para controlar la delincuencia.
En algunos países el crimen organizado y las pandillas juveniles son designados oficialmente como amenazas a la seguridad nacional, lo que permite asignarles a las Fuerzas Militares la función de combatirlas. Además las acciones criminales urbanas de la guerrilla y el narcotráfico justifican la lucha antiterrorista como una defensa de la misma seguridad del Estado.
Vale anotar que la tendencia a recurrir a los militares para que asuman papel importante en el apoyo de la policía en el mantenimiento del orden interno se ha dado también en otros países de la región, con posiciones políticas diferentes como México y Brasil, aunque los resultados no han sido tan promisorios como se esperaba.
Sin embargo, las diferencias entre las Fuerzas Militares y la Policía persisten. La formación castrense pone énfasis en la jerarquía, la disciplina y las estructuras de mando; el entrenamiento militar hace hincapié en el uso de las armas, la logística, y tácticas diseñadas para aniquilar al enemigo. En contraste, la función policial busca prevenir y controlar la delincuencia dentro del marco legal con estrategias de disuasión y control que involucren el uso de la fuerza estrictamente necesaria para solucionar problemas y preservar el orden público. Las policías profesionales deben establecer una relación cercana y colaboradora con la ciudadanía.
En el caso colombiano los planes deben ir más allá del Plan Cuadrante, que viene implementando la Policía. La inversión en patrullas policiales o sistemas de videocámaras debe acompañarse de mejor inteligencia y formación policial para enfrentar las complejas y cambiantes estrategias del crimen organizado.
Una sólida preparación profesional en el tema judicial con apoyo en los nuevos desarrollos tecnológicos, debe complementar las tradicionales habilidades de patrullaje, manejo de conflictos y acercamiento a la comunidad.
Es aconsejable la colaboración de los diferentes agentes de la Fuerza Pública, en "Operaciones Conjuntas" que coordinen a las Fuerzas Militares y la Policía.
Para el caso de patrullar áreas urbanas de alto riesgo, la experiencia de otros países indica que los operativos de control de la criminalidad deben hacerse bajo dirección policial para que logren su cometido asegurando la protección de los derechos ciudadanos.
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