Pico y Placa Medellín

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Medellín

  • Samuel Arango M. | Samuel Arango M.
    Samuel Arango M. | Samuel Arango M.
21 de marzo de 2010
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La ciudad misteriosa. Un descubrimiento a cada paso. Recovecos, ángulos, formas insólitas. Seres humanos que se deslizan por lo desconocido como si lo conocieran. La ciudad es una caja de sorpresas. Un juego en el que el transeúnte se divierte topando asombros. Admiraciones, gritos de gusto, gestos positivos en espacios mejores. El hombre, un bumerán que va y viene entre brincos de alegría y de prisa.

La ciudad ignorada, construida alrededor de una necesidad. Luces y sombras que cohabitan con lujuria estética. Colores que pintan realidades de sueños. Texturas que invitan a intimidar. Mezcla de arte y prosaico. Ladrillos con alma hueca y maquillaje perfecto. Sonidos y ruidos emparejados en la rebeldía de una ciudad que nace y muere cada día. Olores familiares y extraños abrazados por entre los pliegues de los habitantes ignotos.

La ciudad laberinto y tobogán. Salida de los cuentos de Cosiaca y resbalándose en la cotidianidad. Una ciudad que mezcla sin escrúpulo lo divino y lo profano. Que peca y da con laxitud absoluta. Calles y caminos en donde se encuentran los tormentos, las pasiones, el jolgorio y la rumba.

Una caja de Pandora con soluciones, sin definiciones en la que caben el absurdo completo y la belleza insolente de las colegialas.

Le molesta la mediocridad, no se para en la mitad. El contraste es su hábitat. Alberga con igualdad todas las gentes, todos los sentimientos, todas las opciones. Es decidida, clara, impactante por naturaleza y vocación.

Los transeúntes acostumbran detenerse para mirar, para detallar, para exclamar. Medellín es una ciudad en constante ebullición, siempre haciéndose, construyéndose. En movimiento permanente, quienes se alejan de ella por un tiempo, así sea corto, regresan para maravillarse de nuevo.

Una ciudad viva que palpita, que nace y muere en cada hora y segundo. Contrastes, enigmas, preguntas, retos, expresiones, carreras, bellezas cotidianas.

Es una ciudad a la que nadie le es indiferente, para amarla hasta la exageración.

Nadie quisiera que fuera así, todos la quieren así. La atacan con envidia, la defienden con orgullo.

Es única, irrepetible, apasionante y apasionada.

Pasearse por ella es como recorrer una novia, como leer un poema de esos que hay que aprenderse. Quien llega a Medellín se queda en ella, aunque se vaya. El encanto es mítico, como el de las sirenas que atraen a los marinos.

Desde hace muchos años la belleza decidió vivir en Medellín y se amañó, se encaprichó.

Una ciudad que es diferente e igual, lista a ser descubierta a cada paso, sin recatos y mezquindades. Abierta a la conquista de quien quiera cautivarla o enlazarla.

Primavera eterna para el poeta, posibilidad concreta para el pragmático. Opción permanente para todos los que buscan con la certeza de que encuentran.

Radical en su queridura, una ciudad a la que no se le puede ser indiferente.

¡Qué ciudad!

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