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ME PREOCUPA

11 de junio de 2014
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Me preocupa lo que ha sucedido y puede seguir sucediendo con nuestra democracia si este domingo Colombia toma una mala decisión. No está bien que a nuestro país se le esté queriendo llevar al unanimismo; no conviene querer tender a la homogenización en una democracia cuando lo que debe caracterizarla es precisamente su heterogeneidad.

Pero lo hecho por la des-Unidad Nacional es precisamente eso que no es correcto, que no conviene. Ha querido con detallado cálculo e interés político mezclar el agua y el aceite e, incluso, y con inminentes y próximos resultados explosivos, hasta el agua y el sodio. Hoy, por pretender una indescifrable unidad, nuestra democracia cojea y nuestro país se encuentra fuertemente dividido.

Me preocupa la posibilidad de seguir otros cuatro años con un gobierno que incumple sus promesas. Basta mirar lo ocurrido en los dos temas que, paradójicamente, son hoy las banderas de campaña del Presidente:

1. La paz: Santos había establecido noviembre del 2013 como fecha límite para un proceso que según él debería durar meses. Pero después de año y medio son pocos los avances y apenas ahora, en plena campaña electoral, sin ser una mera coincidencia y ahora sí con una agilidad sorprendente y hasta sospechosa, los negociadores hacen anuncios que, en el fondo, son como todos los que desde La Habana han provenido: gaseosos y poco claros.

2. Las 100.000 viviendas gratis: solo se ha construido la mitad de ellas y una gran mayoría ni siquiera ha sido escriturada a sus beneficiarios. ¿Cómo pretende entonces que le crean su ahora promesa electoral de construir 300.000 viviendas gratis más? Difícil.

Afortunadamente, ante este desolador panorama, existe una esperanza, existe la posibilidad de confiar en una persona sencilla, honesta y leal, que ha demostrado, contra viento y marea, sin el beneplácito de la gran mayoría de los medios, sin grupos indicativos y sin el apoyo de la maquinaria política, pero con el inmenso respaldo popular, que es posible pretender llegar a consensos y gobernar, sin dejar a un lado las convicciones, para el pueblo y por el pueblo.

Óscar Iván Zuluaga, un hombre político por convencimiento y no por interés personal o por determinación sanguínea, ha sido capaz de construir las mejores de las propuestas; ellas, de ninguna manera, se elevan a la fantasía rayana con la mentira.

Es él quien tiene la propuesta de vivienda más ambiciosa, con 800.000 casas nuevas sin cuota inicial y el mejoramiento de otras 500.000 que se encuentran en condiciones de precariedad. Es él quien tiene la propuesta de educación más avanzada, con la puesta en marcha de la jornada única escolar y con el plan de mejoramiento de la calidad educativa basado en la dignificación y capacitación de los maestros.

Es Zuluaga, además, quien verdaderamente representa la voluntad de paz de la inmensa mayoría de los colombianos que hoy por hoy no creemos en los diálogos de Cuba. Él, como todos, quiere una paz, pero una paz real, con justicia, sostenible y para todos, no de uno o para unos. Entiende que para ello es importante avanzar en la solución negociada con las Farc, pero sabe que son necesarias unas condiciones mínimas que la guerrilla debe cumplir para demostrarnos su verdadera intención de paz. Solo así podremos confiar en y esperanzarnos con el éxito de unos diálogos.

Mi voto es, entonces, por Óscar Iván Zuluaga

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