Las gabelas que da la justicia hay que aprovecharlas, no hacer la del recapturado Daniel Alejandro Serna, alias "Kener" -quien desperdició la oportunidad de pagar la condena en su casa de Envigado-, sino cumplir las normas carcelarias y portarse bien, para quedar limpio de una vez con la sociedad.
Es lo que está haciendo Marta David Betancur, una joven mujer de 29 años sobre quien pesa una condena de 32 meses por violación a la Ley 30 (de estupefacientes) y que lleva varios meses disfrutando del beneficio de la casa por cárcel, pero con vigilancia satelital a través del brazalete.
En una casa del barrio Popular 1, en el nororiente de Medellín, EL COLOMBIANO encontró a esta madre de cinco hijos, quien por su vieja adicción a los drogas y su alianza con microtraficantes de alucinógenos perdió a sus cuatro primeros hijos, quienes ahora están, según ella conoce, repartidos en familias italianas que se los llevaron en adopción.
Y le pasó eso porque ella tocó fondo y Bienestar Familiar debió acoger a sus hijos y buscarles un mejor futuro. Ahora Marta sólo tiene a su pequeño Miguel Ángel, de 18 meses, por quien está dispuesta a dejar atrás su oscuro pasado y reiniciar una nueva vida.
"Lo hago por él, por ese recuerdo de mis otros hijos que me atormenta, las drogas y el delito son un atranque a nivel sicológico y físico, a veces me retraigo mucho pensando en ellos", comenta Marta, que ahora está integrada a una comunidad religiosa logrando, con el mensaje de Cristo, pensar en cosas buenas.
Esa vida oscura
Ella, años atrás, se alió con diferentes combos y bandas de Medellín que traficaban con droga dentro de la ciudad, "yo les transportaba droga de un barrio, eso sí, nunca contra la vida de nadie, sólo Dios tiene ese derecho", recalca.
Así estuvo un tiempo, hasta que el 15 de enero de 2008 la Policía la capturó cargada con 12 gramos de cocaína. Por ser la primera vez, salió libre. Pero reanudó en agosto del mismo año y esa vez no se salvó de la condena.
Por estar a punto de dar a luz, le asignaron la condena en su casa. Meses después le pusieron un dispositivo de control, pero no era muy seguro, "era como un reloj con fax, pero la señal satelital no era muy buena", apunta, hasta que en diciembre pasado le colocaron el brazalete.
Con éste, dice, "me ha ido muy bien, no me puedo mover muy lejos de la casa, pero me dieron un permiso para trabajar, yo soy diseñadora de calzado y pintora, estoy esperando que lleguen los papeles de Bogotá".
Marta precisa que en cinco meses habrá pagado su pena y quedará en paz, para nunca más verse envuelta en líos judiciales.
"Este es un beneficio grande para los que tenemos delitos menores, pero a personas con delitos graves deberían pensarlo bien", comenta.
El dispositivo tiene incomodidades, hay que bañarse con él y el Inpec hace llamadas constantes y visitas de control a la casa.
Eso le parece bien. Son cosas muy pequeñas para el beneficio que se logra, "poder estar con mi bebé y verlo crecer, ese no se compara con nada", sostiene Marta, que incluso aconseja a compañeras y amigas que pagan la pena de la misma forma para que no se vayan a fugar.
"Ellas se desesperan, pero yo les digo que tengan paciencia, si uno hace algo al final siempre se destapa".
Con alias "Kener" quedó demostrado. La justicia le dio una oportunidad y él no la supo aprovechar. Su fuga fue tan fugaz, que en menos de 24 horas ya estaba otra vez tras las rejas.
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