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LAS PIRÁMIDES DEL FARAÓN FAJARDO I

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03 de agosto de 2013
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Como en ese entonces a quienes criticaron ese esperpento de obra que son las tales "pirámides" de la Avenida Oriental los acusaron de hacer politiquería, hoy, lejos de intereses electorales y malintencionados, es posible ratificarlo: son un fiasco, por donde se les mire.

Hace siete años, mientras se construían, hubo funcionarios de la administración que, en su defensa, se atrevieron a calificarlas de "obra de arte urbano". Y sostuvieron que se trataba de una creación malentendida por "la subjetividad y la resistencia social al cambio". Ahí apenas empezaba la discursilería oficial...

El entonces alcalde Sergio Fajardo Valderrama le dijo a este diario: "A mí en particular me gusta la obra, porque transmite color y alegría, pero es claro que estamos en una época en la que se alborotan unos intereses políticos y unas pasiones reprimidas que empiezan a florecer" (¡¿?…).

Se construyeron 240 "pirámides" a un costo, según notas de prensa, de 970 millones de pesos, a lo largo de un kilómetro que atraviesa el centro, el corazón de Medellín. Hoy son un foco de mugre y basura y escondite y dormitorio de indigentes, además de pobrísimo elemento del mobiliario y el ornato urbanos. Dan grima.

Pero volvamos a las argumentaciones rebuscadas de los genios de la plástica y del arte que entonces oficiaban como servidores públicos:

"Se trata de la resignificación urbana de una vía que por mucho tiempo ha estado descuidada y con usos que no se compadecen con una ciudad que se transforma". Ahhh, caramba, qué florituras verbales para vender paisajismo huero. Pocas obras públicas han tenido tan rápida obsolescencia. Esas pirámides "impresionantes" ya están en el inventario de despilfarros del erario, y rayan con el detrimento patrimonial.

La densidad del tráfico peatonal y automotor, la contaminación mayúscula, el vandalismo urbano (las 24 horas), en una zona como esa, hacían presagiar que no estábamos ante las Pirámides de Guiza sino de guisa (por lo desaguisadas) y que regular el orden y el tráfico peatonales, con esas estructuras, iba a ser como contener el Katrina con diques de icopor.

La gente se pasa por encima, se resbala, se aporrea, se expone a rodar y caer de bruces en medio de una de las estampidas vehiculares más amenazantes de Medellín.

No bastó que colectivos ambientales y urbanistas se opusieran y señalaran que la obra era un desacierto. No bastó, en este milenio, que esas "pirámides" fueran recubiertas con baldosines de baño de los setenta y que se fuesen a convertir en ratoneras. Las hicieron. Punto.

Lo que pasa es que resulta imposible convencer a un Faraón de que no todo lo que hace es una divinidad.

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