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Las noticias de la guerrilla

  • León Valencia | León Valencia
    León Valencia | León Valencia
06 de septiembre de 2010
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Son malas noticias. La guerrilla ha realizado dolorosos ataques a la Fuerza Pública en estos días. Un duro golpe a la policía en el Doncello (Caquetá); otro al Ejército en El Bagre (Antioquia); otros en Norte de Santander y en el Cauca. No es sólo las Farc, ahora han actuado el Eln y un reducto del Epl, una guerrilla que se creía totalmente desaparecida.

Las acciones, según las informaciones de prensa, saltan por encima del Derecho Internacional Humanitario y acuden a manifestaciones escabrosas de sevicia y terror como la incineración de soldados y la muerte en condición de indefensión.

Esta campaña de las guerrillas muestra que estábamos en lo cierto quienes a final del año pasado afirmamos que el mandato del presidente Uribe terminaba en medio de una reactivación de la amenaza guerrillera. En los ocho años del gobierno de la seguridad democrática se había logrado golpear a las fuerzas insurgentes y desalojarlas de los grandes centros de producción y de consumo, pero estaba muy lejos el final al alzamiento armado.

Lo sorprendente es que ahora las Farc no están solas en el empeño de mostrar que las guerrillas siguen vivas. El Eln, que había pasado de agache durante un largo tramo del gobierno de Uribe, vuelve ahora a mostrar sus garras en sitios donde hacía años no operaba. Y el Epl, un grupo que se había disuelto y sólo registraba acciones de narcotráfico o extorsión, realizadas por pequeñas bandas, ahora aparece en un ataque a las Fuerzas Armadas.

No faltará quien diga que la reactivación de la guerrilla en algunos sitios del país obedece al cambio de gobierno. Pero todos estos brotes empezaron en el 2009 momento en el cual la seguridad democrática comenzó a mostrar sus limitaciones, después de sus grandes victorias de 2008.

Se pensaba en todo caso que las acciones tenderían a disminuir después de los anuncios de alias Alfonso Cano , quien en un video bastante difundido le propuso al nuevo gobierno iniciar conversaciones de paz y luego de que el presidente Juan Manuel Santos dijera en su discurso de posesión que las puertas de la negociación no estaban totalmente cerradas y un eventual proceso de paz dependía de verdaderos gestos de reconciliación de las guerrillas.

No ha ocurrido así. Al contrario, el esfuerzo de las Farc y del Eln se ha orientado a demostrar su capacidad de hacer daño. Al parecer estas fuerzas consideran que así llegarán con mayor fuerza y capacidad a una eventual mesa de negociaciones.

Es una grave equivocación. Cuando el Gobierno llama a que las guerrillas desistan de acciones como el secuestro, el reclutamiento de menores, el minado de territorios y el terrorismo apunta a crear un ambiente favorable en la opinión pública para las negociaciones de paz.

Las guerrillas tienen que saber que cuando se habla de negociaciones de paz en Colombia buena parte de la opinión pública se mira en el espejo de El Caguán.

Nadie quiere repetir esa experiencia. Nadie quiere negociar en medio del conflicto y de sus expresiones más degradadas. El secuestro está totalmente deslegitimado nacional e internacionalmente. El reclutamiento de niños es un verdadero escándalo y el minado de territorios una práctica atroz.

Las guerrillas tienen que incluir la variable de la opinión pública en sus cálculos. No pueden desentenderse de lo que piensa el país. No pueden seguir pensando en que la única variable es la fuerza. Si se meten en la lógica de que sólo una sucesión de acciones armadas que les den visibilidad militar y los muestren como una amenaza permanente a la estabilidad pueden llevarlas a la mesa de negociación y favorecer sus exigencias van a alejar las posibilidades de paz.

Demostrar con los hechos que el discurso de alias Alfonso Cano tiene algún viso de sinceridad es el reto de las guerrillas y eso sólo se logra atendiendo las duras exigencias que la opinión pública les hace hoy en día a las fuerzas guerrilleras.

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