Cuando se cerró la puerta del teatro Heredia, de Cartagena, en donde los recién casados, el presidente Uribe, padre del novio, sus familiares y amigos, iban a festejar la boda, se creó, allá adentro, un ambiente de intimidad al que tenían derecho y que nadie osaría violar.
Sin embargo, estar solo o con los de uno, es un derecho que no se les ha concedido a los ex secuestrados. Ellos, durante sus años de secuestro no tuvieron intimidad, fue un derecho que les arrebataron junto con todos los demás derechos; se suponía que al regresar a la libertad recuperarían esos derechos, y así iba sucediendo en aquellas primeras horas luminosas, hasta que aparecieron esos predadores de lo íntimo que son los periodistas ávidos de sensación para vender sus noticieros, periódicos o revistas. Bajo el supuesto de que eso es lo que quiere la audiencia, se dedicaron a hurgar entre los recuerdos más dolorosos, que deben ser sagrados; a averiguar detalles íntimos, que merecen respeto.
El presidente Uribe es el primer personaje público del país y sin embargo tuvo el derecho a disfrutar de la intimidad de una fiesta familiar; los profesionales del espectáculo son personajes públicos, trabajan para el público, pero tienen derecho a cerrar la puerta de su intimidad. Por eso cuando en estos días la prensa invadió la intimidad de una cantante para exhibir la ropa sucia que se lava en casa, violó un derecho que la justicia colombiana ya ha defendido. Ocurrió cuando dictó sentencia condenatoria contra una negociante de chismes que quiso defenderse con el escudo de la libertad de prensa, después de difundir un video con la intimidad sexual de una actriz.
La intimidad se define como lo más profundo y propio de la estructura interior de las personas. Es una realidad que apareció junto con el concepto de persona y que evolucionó como "derecho a estar solo", "Derecho a no ser molestado y a ser dejado en paz". Todas esas definiciones corresponden a la raíz etimológica de la palabra. "Intus" interior, en superlativo es la máxima interioridad, o sea el espacio en donde nace o se frustra la libertad humana.
Si ser libre es tener la capacidad de decidir, esa es la actividad que se desarrolla en la intimidad de la conciencia. Cualquiera otra presencia condiciona; decidir en libertad es el acto más solitario y personal y necesita como ámbito propio la soledad de la intimidad en que uno está solo consigo mismo.
Una sociedad que no preserva ese espacio pone en peligro la libertad. Afirmar que ese espacio se puede violar en nombre de la verdad es desconocer que el derecho a la verdad no es absoluto, que tiene sus fronteras, lo mismo que todos los derechos. Ningún derecho anula al otro y de la armonía entre todos ellos dependen la libertad y la dignidad de las personas. Las que se preservan cuando se cierra la puerta.
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