Un poeta escribió un verso extraño. "Lo mejor del recuerdo es el olvido".
Lo que llevaba en el alma no pasaba del subconsciente a la memoria, pues todo intento de emerger naufragaba.
Lo mejor de la palabra es el silencio. En un forcejeo sin fin, su contenido tiene contornos distintos a los de la palabra. Lo inefable, lo sublime, lo impensable le son familiares. En una palabra, el misterio es el mundo del silencio.
Más que ausencia de palabras, el silencio es otro modo de comunicación, con instrumentos distintos a los de la palabra. La mirada, el toque, la sonrisa. La sola presencia.
En diciembre, adviento y Navidad el corazón tiene por estrenar el vestido de gala del silencio, de la fantasía desbordada. Así tarjetas, novenas, villancicos, aguinaldos, visitas y festejos adquieren la elocuencia de lo inefable, de lo que no tiene nombre. El misterio.
"Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla en eterno silencio", escribió S. Juan de la Cruz. Dejó fluir su condición poética al tener frente a frente el misterio.
La noche conoce la armonía del silencio, y la gente disfruta ese lenguaje, como los pastores de Belén, que quedan de repente arrobados. El silencio los envuelve en la fascinación, esa mezcla indecible de temor y alegría. "No teman, les anuncio una gran alegría", les dice el ángel. Les ha nacido hoy un Salvador, el Mesías, el Señor" (Lc. 2, 10-11). Misterio que llena de sentido el corazón.
Juan Ramón Jiménez tiene versos fascinantes, como de Navidad. "Los caminos de la tarde / se hacen uno con la noche; / por él he de ir a ti / amor que tanto te escondes. / Por él he de ir a ti / como la luz de los montes / como la brisa del mar / como el olor de las flores". ¡Pura noche de Navidad!
La oscuridad unifica los caminos del afán cotidiano, iluminando todo con la llama del amor. La noche se vuelve así silencio luminoso que deja todo absorto al pasar.
Airosos, los medios de comunicación tienen por irradiar la lección del silencio, poniendo en cada persona y cada cosa la estatura que les corresponde, presencia intemporal en el tiempo.
Navidad es presencia del misterio, persona y no cosa, el Niño de Belén. El amante que con el oído siempre atento habla del amor detrás del silencio.
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