Como las mariposas, los humanos nos dejamos atraer por la luz. Los antiguos se aglutinaban alrededor del portador del fuego que alumbraba sus pasos, y en todos los tiempos nos hemos maravillado con las estrellas y demás astros... y hasta les atribuimos poderes.
Hoy y mañana son días de luz. La gente del planeta ríe en torno a lamparitas de colores.
Y eso sucede porque en todas las culturas, dice el sociólogo Fabio Betancur, los pueblos plantean la dicotomía luz-oscuridad. Lo oscuro lo vinculan con lo primigenio, con el momento de la confusión, del caos. "Claro que este caos puede ser ordenador".
Tanto las mitologías, es decir, las historias que hablan de las acciones de los dioses y de los héroes de tiempo antiguo; como las cosmogonías, o sea los estudios del origen y la organización del Universo, y como las teodiceas, las ciencias que buscan el conocimiento de Dios partiendo de la razón y no de la Biblia, aunque de las tres especialmente las que tienden a ser afirmativas o buscan la superación de estados anteriores, hallan en la luz un elemento de alegría, de satisfacción de sí mismas.
De modo que este "juego de luces, así como el valor que se atribuye a las estrellas al Sol, al fuego y a los elementos portadores de luz, constituyen un ritual de superación".
Por su parte, monseñor Jorge Aníbal Rojas Bustamante, director de la Fundación Solidaria, dice que "toda la simbología de la Navidad y la Pascua tiene que ver con la luz". Señala que en el Génesis Dios aleja las tinieblas del pecado y "nos ilumina nuestro peregrinar histórico".
En ese libro dice: "La Tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas".
El religioso añade que hoy se celebra la víspera del dogma de la Inmaculada Concepción. "En nuestra tradición religiosa se le rinde homenaje a la Virgen con la luz. Al principio era una velita y hoy son los alumbrados de la ciudad. El día principal es el 8".
Y la angelóloga Juliana Acosta está convencida de que "la luz es Dios, es la presencia omnipresente del amor infinito del que todos procedemos. Convocar a la luz es reafirmar los vínculos energéticos con la fuente de amor de la que todos provenimos y a la cual debemos encaminarnos".
Hoy y mañana, los humanos nos encontraremos alrededor de cientos de luces, faroles y similares, para recordar la vida, celebrar la Inmaculada Concepción
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