Cuentan que cuando estaba la atmósfera enrarecida en Venezuela por las nacionalizaciones de almacenes de cadena, bancos y fábricas, Hugo Chávez decretaba cada que le venía en gana para hacerse más odioso y demostrar su poder dictatorial. Todavía no se mencionaba el cáncer presidencial que hoy genera un poco de lástima, incertidumbre y esperanzas a la oposición.
Por esos tiempos, decía, iba un rico empresario por una carretera venezolana en su flamante automóvil, conducido por su chofer. De pronto, en una curva del camino salió un marrano que no dio tiempo de maniobrar al conductor, que sin culpa atropelló al animal.
Cerca de ahí se veía una casa campesina, donde posiblemente vivía el dueño del marrano. El empresario le dijo a su chofer:
- Parquea el auto y ve a decirle al campesino que tú le mataste el cerdo sin culpa, pero que lo queremos pagar.
El conductor se fue y pasaron varias horas sin regresar, hasta que el empresario fue a buscarlo y encontró una gran fiesta en la humilde vivienda, música, ron, parranda. Al ver a su chofer con la camisa por fuera, sin saco ni corbata, le dijo: ¿Qué pasó Miguel?
- Yo no sé, patrón. Yo solo le dije al campesino: "Vengo a decirle que acabo de matar al cerdo". Y ya ve usted la fiesta que armaron.
Con las telenovelas seriadas medio históricas que se inventaron los comerciantes de la televisión, pasa algo muy grave: ponen un personaje central con nombre propio o con un apodo por el cual todo el mundo lo reconoce. Alrededor de este personaje hay muchos otros actores que desempeñan papeles secundarios de personas que acompañaron al "héroe" del culebrón que el público puede identificar por el parecido de los nombres, el físico del actor escogido o por el cargo que en el guion del seriado le dan.
Esto se presta para acabar con la fama y el buen nombre de las personas a las que se hace referencia, con el agravante de que las víctimas no se pueden defender jurídicamente, pues los nombres son diferentes y además al inicio le ponen el título de ser ficción.
Todo esto es el escudo para poner a las víctimas a decir frases y palabras que nunca dijeron, a cometer actos que nunca cometieron y que destruyen la imagen de personas que si bien se vieron involucradas en actos normales de la política con el personaje central, nada tuvieron que ver con él.
Me uno a la protesta que se ha generado entre varios ilustres columnistas por la presentación de la serie sobre la vida de Pablo Escobar , como una magnificación del crimen y la mafia, por el escándalo que significa para los televidentes. Pero hay otro daño. ¿Recuerdan La Bruja? ¿Cuántas mentiras se dijeron y cuántas ofensas para familias tan distinguidas como las de un gran presidente y un excelente gobernador?
Nombres distintos que todo el mundo identificó sometidos al escarnio público dizque haciendo brujerías que solo cabían en los escabrosos laberintos de la malvada mente de los autores del guion. Ficción infame y calumniadora.
ÑAPA: Son muchos los alcaldes que se quejan de que el Gobernador no los recibe. ¿No es acaso un empleado público? ¿Estará escribiendo otro libro?.
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