Se es grande de local o visitante, con la fanaticada a favor o en contra, en la alegría y en la adversidad. Así lo ha demostrado el inmenso Atlético Nacional, el de ese color verde que llena graderías en todos los estadios de Colombia, el mismo que hace girar los torniquetes, el mismo que ansiosos esperan directivos e hinchas en todo el país, el que les llena las arcas y logra hacer vibrar con su exquisito fútbol a millones de aficionados en Colombia.
No es propio del verde llegar a una final dependiendo de otros resultados ni menos aún haciéndonos sufrir tanto; lo que no necesariamente quiere decir que llegó por suerte. El Atlético hizo su trabajo en los cuadrangulares finales ¡y punto…
El pasado catorce de julio, no fue un día cualquiera, ese domingo los medellinenses halábamos para el mismo lado y el mismo objetivo buscábamos. No se logró, lo que dejó bajito de tono a miles de aficionados en toda Colombia, y a otros miles que jamás perdimos la esperanza de dar vuelta olímpica en el mismísimo Campín de Bogotá.
No podíamos olvidar y además soñábamos con repetir aquella noche del 31 de mayo 1989, cuando en la misma Bogotá el verde remontó el adverso marcador que favorecía al Olimpia. Aquella noche Higuita atajó cuatro penales, y el león Álvarez cobró el último pénal que pondría a Colombia en una fiesta que duró días. Y efectivamente el miércoles el cielo colombiano nuevamente se tiñó de verde, verde, verde. Para así dar la merecida vuelta olímpica número 12. Y ojalá el próximo año la segunda vuelta olímpica en la Libertadores.
Pico y Placa Medellín
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