Una calma temporal se respiró ayer en Perú luego de que el presidente electo, Ollanta Humala, anunció el grupo de empalme que facilitará la transición entre el equipo que hoy acompaña a Alan García y el que se instaurará en la Casa de Gobierno a partir del 28 de julio.
Esto, después de que el triunfo del nacionalista ocasionara el desplome de la bolsa de valores de Lima en más de 12 puntos y cuestionara a inversionistas locales e internacionales sobre la viabilidad de un gobierno cuyo líder siempre se ha declarado ajeno al libre comercio.
La designada comisión de transferencia es presidida por la vicepresidenta electa, la congresista Marisol Espinoza, y está integrada por exfuncionarios de las administraciones de los expresidentes Valentín Paniagua (2000-2001) y Alejandro Toledo (2001-2006), todos expertos en economía.
El equipo también está integrado por exembajadores de Perú en Bélgica y Rusia, expertos en salud y en inteligencia militar.
Daniel Schydlowsky, miembro del grupo de transferencia y exprofesor de la Universidad de Harvard, dijo a la agencia AP "que el objetivo del grupo es identificar los problemas en la saliente administración y conocer temas de gobierno que están en ejecución para lograr una transición suave, sin sorpresas".
Para algunos analistas, el equipo debería calmar a los inversionistas y disipar los temores de un viraje estatista, lo que fue descartado durante la campaña por el propio Humala.
Sin embargo, expertos definieron el equipo de empalme como una "cortina de humo" y "un simple paño de agua tibia" para calmar los ánimos que se agitaron después de las elecciones.
Aunque la directora del Área de Libertad de Prensa del Instituto Prensa y Sociedad de Perú, Adriana León, sostiene que el comité de transición no da señales, en apariencia, de poner en peligro el crecimiento económico del país, advirtió que esta medida podría convertirse en un paliativo temporal a las presiones para que el futuro mandatario anuncie el nombre del que será director del Banco Central de Reserva y otros miembros del gabinete.
El riesgo, para la analista, radica en que el próximo presidente de los peruanos prometió a la clase baja y a los indígenas frutos tangibles de la bonanza económica, lo que representaría una "inversión gigantesca que elevaría el índice de inflación".
Con la analista coincidió Juan David Escobar, director del Centro de Pensamiento Estratégico de Eafit. El docente advirtió que no se puede esperar que la distribución de la riqueza se dé a la misma velocidad que el proceso de crecimiento económico.
"Uno necesita mucho tiempo de crecimiento para que empiecen a mejorar los indicadores de distribución de la bonanza. Eso explica la victoria de Humala: la economía ha estado muy bien, pero los resultados no se transmiten con la misma velocidad a la gente", señaló.
Los analistas advierten que la máquina económica que permitió que tan sólo el año pasado la economía del país creciera en un 8.7 por ciento, podría verse ahogada por la intención del futuro presidente de mantener sus compromisos electorales.
Por ahora, está claro que Humala no puede arriesgarse a poner las riendas de la economía en manos de alguien adverso al libre mercado, pero tampoco permitir que esa persona se convierta en un obstáculo para la puesta en marcha de sus políticas en esta materia.
"Es difícil que alguien pueda atender a la vez los compromisos con el mercado y con las promesas de campaña", sentenció Escobar.
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