La fanaticada de Medellín está brava con el equipo argentino, y con razón.
Los gestos grotescos de algunos de los jugadores -especialmente de la banca- que se cogieron partes nobles en el final del juego entre gauchos y egipcios, motivaron la reacción del público antioqueño que se mostró indignado.
Mientras los egipcios se lamentaban de la eliminación, el público, además de chiflar la actuación del elenco sureño, censuraba el proceder incorrecto de algunos de los integrantes de un elenco, que tuvo excelente acogida en los entrenamientos, en el sitio de concentración y en los diversos sitios que visitó.
"Tan pronto terminó el partido, se vino el equipo de Argentina a la tribuna oriental a rechazar el apoyo que la afición le dio al equipo egipcio, con expresiones obscenas y degradantes; tan es así, que mi hijo me preguntó que qué era ese comportamiento y lo único que se me ocurrió fue decirle que los argentinos no saben ganar y muchas veces no saben perder. Y me preguntó que por qué Egipto sí se despidió agradecido del comportamiento de los aficionados", comentó el lector Mauricio Llano Gil, quien presenció el partido que ganaron los gauchos, 2-1.
Lo que resultaba paradójico, es que en la tribunas del estadio Atanasio Girardot, y en los alrededores del escenario, eran por decenas las camisetas albicelestes, portadas más que todo por antioqueños, seguidores del fútbol del Río de la Plata.
El poco fútbol que ha mostrado la selección gaucha; el mandar a callar de Ferreira a la hinchada en el juego ante Corea del Norte, 3-0, y la no venida a la Copa América-2001 que organizó Colombia, son elementos de la cuenta de cobro que la fanaticada sacó a relucir.
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