Por estos días de contienda presidencial, las encuestas sobre intención de voto bombardean a los ciudadanos con cifras y porcentajes que muchas veces no coinciden y, en el peor de los escenarios, se muestran disímiles en sus proyecciones.
Entonces ¿para dónde mirar? ¿qué hay que tener en cuenta para saber cuál es la más acertada? No es una respuesta fácil.
Para entender por qué un candidato subió 10 puntos, mientras que el otro perdió 5, que el margen de error da un empate técnico, que las alianzas no suman, que habrá segunda vuelta; hay que saber que la encuesta no le pregunta a los 47 millones de colombianos sino que su informe se basa en lo que digan unos 1.000 ciudadanos que marcarán la tendencia de lo que piensan los demás.
Las mediciones sobre temas electorales intentan reflejar cómo van las campañas, pero además sirven a muchos para establecer las alianzas y hasta tumbar candidaturas porque frente a la baja de muchas aspiraciones los apoyos también se pierden.
En todo caso, lo que ellas reflejan es la foto de un momento. "Las encuestas miden la realidad, pero la realidad es variable, nunca nos bañamos en el mismo río, cambia el río y cambiamos nosotros entre un día y otro", indicó Carlos Lemoine Amaya, presidente del Centro Nacional de Consultoría.
Para el gerente de Datexco, César Valderrama, "cada medición de intención de voto es una foto y la secuencia de mediciones construye una película. Así, las películas de cada serie de encuestas de cada Agencia de Investigación de Opinión deben ser comparadas en tiempos iguales, para identificar si efectivamente las tendencias tienen comportamientos similares o no. En términos generales, lo que nosotros como investigadores seguimos es la tendencia y al hacer un comparativo de ellas, los resultados son similares".
Esa medición de un pedazo de la realidad es lo que les ha generado la fama de que "se equivocan", pues al final los datos podrían ser diferentes. Tan es así que los mismos directivos de las empresas encuestadoras lo reconocen.
En las presidenciales de 2010 ocurrió uno de esos casos. Todas las encuestas coincidían en un cabeza a cabeza de los entonces candidatos Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, pero que sería necesario una segunda vuelta.
Sin embargo, los resultados en las urnas mostraron a un Santos con una diferencia de 3.667.821 millones de votos sobre el candidato verde.
Las encuestas acertaron en que habría segunda vuelta, no así en la amplia ventaja que tuvo Santos sobre Mockus.
Una explicación a este desacierto se basó en el hecho de que una semana antes de las elecciones no se pueden publicar encuestas y eso impide mostrar una tendencia más cercana a la realidad.
Se mide a la sociedad
Pero una explicación más a fondo da cuenta de que las encuestas reflejan también comportamientos propios de la campaña, como en 2010.
"Mucha gente pensó que los votantes serían los jóvenes que por primera vez harían parte del proceso electoral, pero en realidad estaban allí los abstencionistas. Hay que tener en cuenta que cerca del 50 por ciento del país no salió a ejercer su derecho en las elecciones de Congreso, y esto baja un poco en las presidenciales. En 2010, cuando hicimos la encuesta nos encontramos con que cerca del 80 por ciento de las personas votaría, pero eso en realidad no sucedió", señaló sobre el caso de la Ola Verde, Javier Restrepo, director de Asuntos Públicos de Ipsos.
Para entender qué es lo que pasa en estos casos con las firmas encuestadoras se tiene que partir de que "las encuestas son una especie de votación a domicilio, pues se contacta de manera directa al ciudadano, mientras que el día de las elecciones se le pide a esa persona que salga y vaya hasta un puesto de votación. Esa sola característica de la forma como se accede a la información de las mediciones, permitiría entender las diferencias", agregó Restrepo.
En particular, para Lemoine, el cambio en la tendencia fue culpa de "los debates posteriores a las encuestas, pues Santos supo poner a Mockus como un profesor sin contacto con la realidad".
En el caso de Datexco se presentó un hecho que hubiera dejado con mejor imagen a las firmas encuestadoras, pero que por los ires y venires de la política electoral, no se pudo dar a conocer a la opinión pública.
La historia la cuenta Valderrama, de Datexco: "Para las elecciones de 2010 existía una prohibición de que solo se podía publicar encuestas hasta 8 días antes de la jornada electoral, lo que representa que unos 12 días antes de los comicios se levantó información en campo y los resultados mostraban a Mockus en la delantera".
"Sin embargo, el partido de la U, faltando cinco días para las elecciones, por primera y única vez en esa campaña, nos contrató una encuesta con resultados consolidados para el viernes del fin de semana de elecciones. Los resultados fueron claros: el candidato Juan Manuel Santos ganaría e incluso se presentó la diferencia con la que ganó. Es anécdota porque en ese momento solicitamos al partido de la U que nos permitiera divulgar los resultados de la medición, pero por cuestiones estratégicas de la campaña no nos autorizaron. Hubiéramos demostrado con esto que las encuestas sí aciertan", señaló el director de Datexco.
En todo caso, el aprendizaje de 2010 está enfocado a una premisa de algo que sucede bastante en las ciencias sociales: se pretende medir y hacer tendencias de algo tan relativo y cambiante como el gusto humano.
Además, hay que tener presente que "lo que definitivamente las encuestas no pueden medir es el comportamiento que se aleja de la opinión, como la compra de votos", en palabras de Valderrama.
¿Qué hacer?
Pues bien, antes de adentrarse en el bosque de datos que una encuesta de intención de votos tiene para mostrar, tanto quienes analizan las encuestas como quienes las hacen, tienen algunos tips que son buenos tenerlos en cuenta a la hora de evaluar el alcance de cada una de ellas para no dejarse confundir.
Según Lemoine, "lo más importante es, primero, el resultado, es decir quién hizo la encuesta, y quién la publica. Por otro lado, hay que mirar la ficha técnica, sobre todo lo que tiene que ver con el tamaño de la muestra; y, finalmente, las diferencias entre cifras de los candidatos comparadas con el error de muestreo, pues, las diferencias serán más confiables en la medida que sean mayores las diferencias que el error muestral".
En el caso de El Colombiano, a la hora de analizar los resultados de encuestas como la de Gallup, que se realiza para la Gran Alianza de Medios, partimos de elementos como el nivel socio-económico de los entrevistados, su afiliación partidista, los lugares dónde se adelantó la muestra, "pero sobre todo, qué hechos marcaron la agenda noticiosa los días que se hizo la recolección, porque eso nos permite darles contexto a las cifras", explica Isolda María Vélez, editora política de este diario.
Otro asunto importante es que las encuestas no se pueden comparar unas con otras, es decir, entre firmas distintas, porque varía en muchos casos la metodología. Tal como lo afirma Valderrama, cada medición es una foto y solo se compara con la siguiente foto de esa misma película. Así que esta puede ser una buena explicación de por qué los números no coinciden entre unas y otras, aunque si están bien hechas deberían reflejar finalmente la tendencia de una realidad política que, en todo caso, no es exacta.
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