Un afiche colgado en una de las paredes recuerda la gloria que los acompaña. Las caras jóvenes de Fidel Bassa, Rafael Pineda, y Tomás Molinares, apenas aspirantes y luego campeones del mundo, son el adorno con el que diariamente se entrenan los "hijos" de Billy Chams, el mayor empresario en la historia del boxeo colombiano.
Cuadrilátero es una casa grande con varios cuartos, dos ensogados y los sueños de un puñado de boxeadores que sueñan fajarse con un título mundial. Ese espacio del barrio Villa Tadel de Barranquilla, donde creció como profesional el campeón Jonathan Romero, es uno de los últimos legados de Billy, el empresario que murió en la tarde del domingo, una especie de Don King colombiano.
Chams tuvo desde los 80 la empresa Cuadrilátero, que fue la encargada de representar a los boxeadores en la época gloriosa del boxeo profesional nacional. Tras varios años de decadencia del deporte, fue el único que mantuvo una organización fuerte y relevante, a tal punto de reunir bajo el mismo techo a sus pegadores, como el Momo, los antioqueños Darley Pérez (prospecto) y Luis de la Rosa (perdió hace un mes su pelea por título), y otros como Daulis Prescott, también aspirante a un cinturón orbital.
"Acá se viven, se entrenan, tienen el contacto permanente con el boxeo sin desconcentrarse. Aprenden a vivir, salen de sus casas y sus pueblos y pueden estar enfocados", recuerda su profesor principal, el veterano Orlando Pineda.
"Fue como un padre para nosotros. Fue el jefe que me hizo campeón mundial, que llevó mi carrera a lo alto, y me acercó a Dios. Espero que Dios le dé el descanso en el Paraíso", dice El Momo, último de los 17 campeones mundiales que dejó Chams en su carrera, que incluye a Bassa y Molinares, los protagonistas del cartel de febrero de 1987, que está en la casa de Cuadrilátero, el último legado de Billy.
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