La frase la dijo hace un año el vicepresidente ejecutivo de la Comisión del Crimen de Chicago, Art Bilek, y nunca fue más clara. Tuvo que apelar al boxeo: "Lo que Al Capone fue para la cerveza y el whisky, Guzmán lo es para los narcóticos. No obstante, si pusieran a esos dos tipos en un ring, "El Chapo" se come vivo a Capone".
Se considera que tenía un poder mucho mayor que el que acumuló el "patrón" colombiano, Pablo Escobar. Utilizaba un perfil amigo de la gente para lograr su favor y evitar toda suerte de operativos de la fuerza pública en su contra. Compró tantos policías que hacían fila en las calles de Culiacán para mendigar sus regalos y sobornos. Cuando estuvo en la cárcel (1993-2001), no era un prisionero sino un señor feudal en su fortaleza. Salió cuando quiso de ella.
Tal vez, para saber qué tanta influencia tenía, baste decir que, tal como Escobar, estuvo activo durante la época de los ochenta, pero su ocaso se dio casi 20 años después de la muerte del "Patrón" en manos de la Policía.
Cultivaba marihuana
Tan enigmática es su figura, que se discute aún si nació el 4 de abril de 1957 o el 25 de diciembre de 1954. Creció en el seno de una familia pobre en la comunidad rural de La Tuna, cerca a Badiraguato, en Sinaloa. De niño tenía que irse a la casa de su abuela para evitar las muendas que le pegaba su padre, Emilio Guzmán. De ahí el conocido apego a su madre, María Consuelo Loera, quien era, según le relataron en 2013 fuentes del pueblo a Gerardo Reyes, "su pilar emocional".
Tanto así que si Guzmán se encuentra ahora en una fría celda, la vida de su madre transcurre en una mansión que corona cual palacio a Badiraguato. Todo eso comenzó cuando el "Chapo", cansado de que su papá se gastara la ganancia del cultivo de marihuana en trago y mujeres, empezara a sembrar por cuenta suya y de sus primos (los temidos Beltrán Leyva), el cannabis.
De allí, su historia fue una dialéctica de terror contra los enemigos y cariño con el pueblo. "A diferencia de otros capos del narco en México, Guzmán es uno de los últimos que logró ganar el afecto de la gente, en especial en su natal Sinaloa. Incluso el de la fuerza pública, por eso le resultaba tan fácil escapar de la justicia", le cuenta a este diario Javier Valdez, reconocido escritor mexicano especialista en el tema del narcotráfico.
Durante los ochenta se ganó su fama criminal y escaló en las filas de la organización de Miguel Ángel Félix Salazar "el Padrino". Félix fue encarcelado en 1989. Un año después, el "Chapo" peleaba por el poder de la organización frente a los hermanos Félix Arellano, de Tijuana, algo que conseguiría después.
El comienzo del fin
Tres años tras escapar de prisión, en 2004, Guzmán quería a sangre y fuego hacerse con el control de un fortín clave en el negocio: Ciudad Juárez. Tenía que matar a su entonces aliado, Rodolfo Carrillo, del Cartel de Juárez. Lo hizo el 11 de septiembre, cuando Carrillo visitaba un mall de Culiacán con su esposa. Ambos fueron acribillados.
El "Chapo" no vio la amenaza que venía. Sabía que con dicho acto rompía el pacto de no agresión que años atrás habían acordado los carteles mexicanos. La cruda guerra entre narcotraficantes que vive México hoy día, iniciaba entonces. El asunto del tráfico de drogas en el país tomaba, por su índole violenta, una relevancia nunca vista en los años que vendrían. Ya ningún jefe del crimen organizado podría estar tranquilo, por muchas conexiones que tuviera con la fuerza pública.
Su captura llegó pocos días después de la Cumbre de Estados Norteamericanos. Para Valdez no es coincidencia: "Algo tuvo que ver la reunión entre Peña Nieto y Obama. El primero saca pecho como si tuviera una estrategia integral contra el narco, pero el cartel de Sinaloa continúa. Se van a producir actos violentos, pero probablemente Ismael "el Mayo" Zambada quedará al frente", concluyó.
Mientras tanto, las calles en Chicago se sienten tranquilas, con el enemigo de Bilek tras las rejas. Y las de Badiraguato, están desoladas, pero no por esto calmadas. El fenómeno sigue
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