Por fortuna cada vez son menos los padres que golpean a sus hijos en aras de disciplinarlos? pero más los niños que les pegan a sus padres para doblegarlos. ¡Si bien es normal que los más pequeños expresen su frustración pegándoles a otros porque no saben defenderse con palabras, es inadmisible que la mamá o el papá permitan que los golpeen!
Las razones para que esto ocurra son muchas. Una de ellas es que la industria de la entretención plantea la violencia como algo divertido y hasta la establece como una hazaña que se premia, como ocurre en los videojuegos. Esto ha dado lugar a que los niños hoy se atrevan a agredir a cualquiera.
Otra razón es que la camaradería e igualdad con sus mayores que caracteriza las relaciones familiares se ha llevado al extremo de que, de la sumisión de los hijos a la tiranía paterna de hace un par de generaciones, pasamos a la sumisión de los padres al abuso de los niños.
Es tan insólito y desconcertante que un niño se atreva a golpear a su mamá o a su papá que no es de sorprender que no sepamos cómo enfrentarla.
El problema es que, como no tenemos un ejemplo de qué hacer, recurrimos a diversas medidas inefectivas que van desde simular que lloramos para que los niños se den cuenta del dolor que nos causan hasta pegarles para que no lo hagan.
Y con esto último lo que les enseñamos es que es correcto golpear cuando nos golpean.
La solución es cuestión de ejemplo y de actitud más que de castigos.
Por una parte, debemos suprimir la violencia (golpes, gritos, insultos) como método de disciplinar a los hijos.
Y por otro, tenemos que ponerle punto final a su agresividad desde el comienzo, y asumir una actitud que condene en forma radical sus conductas violentas ?pero que no incluya más violencia. Los niños necesitan percibir a sus padres como personas dignas, respetables y capaces de contenerlos, para que no se atrevan a abusarnos de ninguna manera.
Somos los padres los que les establecemos a los hijos lo que es apropiado en el trato con los demás ? y al demandarles respeto hacia nosotros les estamos enseñando a honrar a sus semejantes.
El respeto, al igual que el abuso, también se aprenden en casa, y lo enseñamos ... con lo que hacemos y con lo que no hacemos.
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