Son las ocho de la mañana y una bruma cubre la ciudad. A bordo de un helicóptero de la Policía Nacional, el recorrido desde el aeropuerto Olaya Herrera hasta el lugar del desastre, en la carrera 15 con calle 7, dura escasos tres minutos.
Desde el aire se pueden ver las laderas de El Poblado cubiertas por edificios habitados y muchos más en construcción. Son tan altos que casi se pueden tocar. En medio de tanto concreto, las zonas verdes se resisten a ser taladas y excluidas del ambiente. Pareciera que el desarrollo y el progreso las tuvieran sometidas. La Cola del Zorro es la referencia más inmediata para arribar al sitio.
Al aproximarse la aeronave, una enorme mancha amarillenta deja ver lo que horas antes fuera un bosque de pinos al lado de varias urbanizaciones, entre ellas Alto Verde.
Un alud de tierra, varios árboles de gran tamaño, ríos de agua que bajan de la montaña... Seis viviendas están sepultadas.
El helicóptero vuela en círculos sobre la zona. Dos casas se aprecian demolidas, en fragmentos tan pequeños, que difícilmente haya algo que recuperar. De las otras cuatro viviendas el alud solo deja ver unos muros blancos que contrastan con el color rojizo y verde de la tierra.
Desde arriba el panorama es desolador: socorristas y efectivos de La Policía se ven diminutos ante la magnitud de la tragedia. Muchos de los vecinos observan aterrados.
Otra vez la muerte enluta a Medellín. En la madrugada de ayer llegó a la urbanización Alto Verde, del barrio El Poblado. Hace pocos meses fue en el barrio El Socorro de la comuna 13.
El dolor y el estupor hacen más breve la distancia y unen las emociones.
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