Un sabor agridulce experimentamos quienes lideramos gremialmente la educación privada.
Por un lado, es evidente que la educación privada "saca la cara" por la educación del país: en la noche de los mejores solo Conaced obtuvo 15 reconocimientos: 12 puntajes ICFES más altos a nivel departamental, los 2 mejores colegios del país y el premio gran maestro.
En el llamado "ranking" de los 100 mejores colegios del país en pruebas de Estado, 98 son privados. De los 55 colegios que en los últimos 8 años se han mantenido en el nivel muy superior, 53 son de gestión privada.
Algo similar ocurre en las Pruebas Saber. Sin duda, esto obedece a la apuesta por la calidad educativa que desde siempre se ha hecho desde nuestra oferta educativa.
Con tan consolador panorama subsiste lamentablemente la connotación de que hemos convertido este servicio público en un negocio lucrativo y es muy probable que algunos hayan querido hacerlo para descrédito de tan noble vocación. Mas el hecho es que hoy la mayoría de quienes servimos a la patria en la educación privada nos encontramos contra la pared por 8 razones:
1). Una situación financiera deficitaria por los altos costos de operación, pago de numerosos impuestos, algunos obvios pero otros absurdos como el ICA, y servicios públicos que suben sus tarifas por encima del IPC.
2) Disminución del número de estudiantes ante una mayor cobertura por parte de la oferta oficial y que ha reducido nuestros colegios a menos de la mitad.
3) Carteras morosas crecientes, sustentadas en la mal llamada "cultura del no pago", avalada por una sentencia de la Corte que obliga prestar el servicio y entregar resultados así las familias no paguen todo el año escolar.
4) Elevados costos de nómina y prestaciones sociales que en algunas instituciones llega a un escandaloso 85%.
5) Un sistema de contratación de término fijo para el profesorado, nada competitivo y poco atrayente, producto de recibir 11 ingresos pero tener que pagar 18.
6) Una concepción inequitativa de lo particular frente a lo público en materia educativa donde el Estado es el garante, pero donde la educación privada no puede gozar de ninguna ayuda por parte del Estado a pesar de que presta el mismo servicio y a costos más bajos, como es bien conocido de todos.
7) Impuntualidad en los compromisos de la educación contratada con pagos que llegan con varios meses de retraso y no cumplen las tipologías definidas por el Ministerio.
8) Falta de conciencia y sentido gremial: solo un bajo porcentaje de colegios hace parte de una agremiación y participa activamente en ella, pues prefiere estar solo antes que unirse para apoyarse.
En el Centro de Fe y Culturas también reflexionamos sobre este importante tópico de interés nacional, porque estamos convencidos que nuestro país será mejor en la medida en que le apueste seria y significativamente a lo educativo.
Nos alegramos con una gestión ministerial que durante 8 años ha mostrado resultados muy importantes pero deseamos también que la educación pública tanto de gestión oficial como de gestión privada tengan las mismas oportunidades y el mismo apoyo por parte del Estado.
*Miembro del Centro de Fe y Culturas
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