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Aromas de fugacidad

01 de enero de 2010
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Se ha vuelto casi una liturgia. En uno cualquiera de estos días últimos del año, sentados en el corredor de su casita campesina, nos dedicamos el padre Nicanor y yo a matar el tiempo. Y nada mejor para ello que divagar sobre el misterio mismo del tiempo.

-Haz de cuenta, muchacho, que estamos en una playa desierta, con el horizonte infinito del mar enfrente. Olfatea, olfatea, hijo, el aroma de la fugacidad.

-Todo es efímero, padre. Y ya que nos imaginamos frente al mar, para mí el gran encanto de las olas es que son como una gran sinfonía, rumorosa apenas, de la caducidad de la vida. Somos espuma que se desvanece.

-No empieces de nuevo con tus congojas y con tus tristuras. En vez de embriagarnos con el olor a incienso quemado que deja la fugacidad de la vida, sintamos a fondo el perfume de las rosas que nacen cada día.

-Las rosas son efímeras, padre. Me gusta paladear ese adjetivo: efímero.

-Bella palabra que, por si no lo sabes, viene del griego (hemera=día, la misma raíz etimológica de efemérides) y significa exactamente: de un día, lo que no dura sino un día. Recuerdo la definición que le dio el geógrafo al Principito de Saint Exupery: "Efímero significa que está amenazado por una próxima desaparición" . Me gustó tanto, que me aprendí la frase en francés: " Menacé de disparition prochaine ". En todo rigor esa expresión "menacé de" debería traducirse por "estar a punto de". Ser efímero es estar a punto de desparecer.

-Lo sé, tío. El tiempo nos devora, día a día.

-Es cruel ese Cronos de la mitología, que destrona a su padre, a quien corta los testículos y los arroja al mar; que mantiene encerrados en una prisión subterránea a sus hermanos, y que devora, uno tras otro, los hijos que le daba su esposa Rea. Sólo se salva Zeus, porque Rea presenta a Cronos no a su hijo recién nacido, sino una piedra envuelta en pañales que el viejo dios engulle con furia.

-Una historia, tío, que llena de desasosiego. El tiempo (el Tiempo, "dios sin máscara", que dice María Zambrano) nos engulle y se va tragando también la Historia.

-El tiempo (el Tiempo), devorador, inclemente, que también nos quita a todos tarde o temprano, uno a uno, los antifaces y las mentiras. Y los orgullos y las nostalgias. Y los sueños.

-¿Y entonces qué queda, padre?

-Queda allá, al final del naufragio, un resquicio de ternura, eso que llamamos esperanza. Esperanza que no es otra cosa que la serena aceptación de estar desnudos al borde del tiempo que se acaba. O de la eternidad que se insinúa. Con un Dios de amor al fondo.

-Efímeros, al fin y al cabo.

-Sí, hijo, pero no simplemente amenazados de desaparición, sino, sobre todo, amenazados de eternidad. Para el ser humano, ser flor de un día, efímero, es estar a punto de ser eterno. En cristiano decimos que más que amenazados de muerte, estamos amenazados de resurrección. Morir es estar a punto de resucitar.

En esas entró Mariengracia. "A ustedes, pues, le dio por matar el tiempo, hablando bobadas. Mejor tómense este traguito y brindemos por el nuevo año.

-A ver, prima, por quién brindamos? ¿Por el 2009 que se fue o por el 2010, que llega? ¿Por el ayer o por el mañana?

-Por el hoy, primo, que es lo único que tenemos. Para decírtelo al estilo del tío (uno hasta se contagia de oírlos a ustedes decir pendejadas), el hoy es el único aroma, de fugacidad o de eternidad, que podemos olfatear. Lo demás son filosofías rancias de dos desocupados como ustedes. Perdone, padre. Adiós, primo. Feliz año nuevo.

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