Su rostro no refleja más de quince años y, como a muchas chicas de su edad, la capul le tapa la frente. No tiene cara de poeta, pero sin embargo escribió estos versos: Soledad/ hablan mis recuerdos/ Silencio que acompaña/ Calla mi alma/ Canta el viento.
Muy parecida a su pinta es la de Natalia Arcila Vanegas, que a la hora de tejer poemas no se le queda atrás y de su propia vena le salió esta estrofa: Mariposa/ te posas en los corazones/ nunca le has servido a la razón.
Lo curioso es que ninguna de las dos está dedicada a la escritura de poesías ni hacen parte de algún taller literario. Todo ocurre en una clase de Español del Inem José Félix de Restrepo, liderada por el profesor Carlos Agudelo, quien lleva seis años en esta institución y es un convencido de que los jovencitos de ahora saben escribir mucho más que estados en Facebook, donde a la mayoría les importa poco la composición o la ortografía.
"Todas esas maravillas se hacen en una hora de clase. Ellos llegan y uno les da el tema para que escriban, pero ninguno lo sabe antes para que no vayan a copiar. Los resultados son sorprendentes", dice el maestro.
Tan sorprendentes, que lo que escriben les alcanza hasta para un libro. El texto acaba de salir y se titula "Escucha mi voz Antología 4" , publicado por el Inem.
Sorpresas da la vida
Aunque el primer sorprendido debería ser el profe, él admite que son los padres de los muchachos los que más se maravillan con esos escritos.
"Ni les creen, pero yo doy fe de que lo hacen en clase. Es un examen normal y todos escriben. Seleccionamos los mejores y publicamos este libro", comenta el maestro, que este año pudo incluir trabajos de 340 estudiantes, un número que considera muy alto.
Para Luis Otálvaro, el ejercicio es positivo porque le permite mostrar otra faceta de su existencia que muchas personas no creen que tenga.
"Me gusta que lo escrito salga a la luz porque eso muestra que los jóvenes también podemos hacer obras de arte", apunta el jovencito.
Diana Atehortúa, de noveno, se inspiró en la alegría para escribir que "Aún tienes una vida por vivir. Hoy puedes levantarte, sonreír, disfrutar, llenarte de alegría".
Elle tejió un texto más largo, pues se trataba de un ensayo, pero Oswaldo Ospina resumió su sentir en dos versitos: "El silencio recorre tu cuerpo con amor" , igual que su compañero Santiago Bedoya, que pasó la prueba con su poema "Un canto sin sonido resuena en mi alma. Sol de amanecer".
Y así, los 340 escritos se riegan a lo largo de 120 páginas que deleitan al lector.
Están sus fotos con sus peinados exóticos, con crestas y gomina, sus piercings y sus caras de niños, que muchas veces no muestran los sentimientos y pensamientos que viajan en sus almas.
Pero no hay duda, tienen vena poética. Con sus versos echan a volar sueños. Hacen escuchar sus voces.
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