En vela amanecieron los familiares de la niña que falleció tras accidentarse el sábado en un juego mecánico del Parque Norte. Y podría decirse que por el llanto se daba con la casa donde se reunían en una calle en silencio en lo alto del barrio París de Bello.
Hasta esa sencilla vivienda fueron llegando los conocidos para manifestar su dolor por la pérdida de la pequeña que hasta hace dos días sonreía y encantaba a todos con su lucidez.
En la sala, Claudia Gómez, mamá de la niña, contaba su versión de lo sucedido al tiempo que parecía írsele la vida de tanto dolor.
-Soy ama de casa, dedicada a cuidar a mi angelito -responde ante la pregunta por su oficio.
-La monté ahí precisamente porque no se movía mucho -explica la señora envuelta en llanto, dejando en claro que el juego denominado Brigada de Emergencia, con un pequeño bus que oscilaba lentamente, le parecía inofensivo.
Sin embargo y como lo dio a conocer ayer el comandante de la Policía Metropolitana, general Yesid Vásquez, el operario cedió los controles a otro adulto y la máquina se aceleró de repente al punto de despedir a varios niños.
Recuerdos que duelen
-Mi niña se pegó contra un muro y me cayó a los pies y yo no pude hacer nada para salvarla -, dice Claudia mientras se aferra a una foto de la pequeña. En la imagen se ve a la niña con un vestido blanco lleno de flores pequeñas y con una sonrisa que le ilumina la cara.
A veces la madre pierde el hilo de lo que está contando y se encierra en un lamento por la muerte de su hija.
Edilberto Jaramillo, padre de la menor, permanece en silencio tomándole la mano a su esposa. Se le ve como aturdido por su tragedia, mirando al suelo o recostando la cabeza contra la pared y fijando los ojos en el techo de la vivienda. Él no estuvo en el momento en que su hija murió porque estaba trabajando y allí se enteró de lo ocurrido por una llamada.
Desde otros espacios de la casa se escuchan sollozos con la narración de recuerdos que Claudia trae de la tarde del sábado.
La foto, que a veces acaricia y otras aprieta contra el pecho, fue tomada en el último cumpleaños de la menor, el pasado septiembre -ese día cantó y bailó, y esta sala se llenó de niños -recuerda una tía de la niña, y enseña después el uniforme del colegio Santa Juana del Estonac, donde ya no asistirá más a su clase en el primer grado.
-La iban a ascender a segundo porque era muy inteligente-, agrega al tiempo que continúa lamentando lo sucedido.
La triste despedida
En medio de recuerdos de la tragedia y también de la vida de la niña, en quien en adelante la designación de 'angelito' tendrá un significado triste, los familiares se preparan para ir a la sala de velación. La familia ha decidido esperar hasta hoy la llegda de la madrina de la pequeña, que viaja desde España, para darle el último adiós en Jardines de la Fe.
Ellos abrieron las puertas de su casa y de su corazón, ambas de par en par, con la esperanza de que un caso como el suyo no se repita en la ciudad.
-Esto no puede ser normal, viendo que ninguno de los niños tenía cinturón de seguridad ni nada-, dice al final la madre desconsolada. Lleva puesto un suéter negro abierto una blusa blanca y el pelo recogido en una cola que le despeja la cara de profunda tristeza, de toda una noche sin dormir y del llanto.
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