El presente de Mauricio Molina en 2002 no era claro y aún así Javier Velásquez, el mismo presidente que lo proyectó en Envigado, fue a Cali a echarle el cuento para que lo acompañara en su nuevo reto administrativo.
Todavía lesionado y sin ritmo de competencia, Mao le dijo sí a "su papá" en el fútbol y recaló en el conjunto escarlata, en el que, con el número 20 en la espalda, un gol en la final ante Pasto y su técnica exquisita fue uno de los jugadores que se encargaron de brindarles gratas satisfacciones a los fieles rojos para alcanzar la tercera estrella.
Claro que en 2005 tuvo otro paso por el Poderoso con un sello histórico: el gol olímpico que le convirtió a Nacional el 15 de junio en la derrota 2-1 de su equipo. Esos recuerdos lo tienen feliz viendo que su aporte sirvió para que el DIM llegara más grande al centenario que festejará el próximo mes.
¿Cómo llegó al DIM?
"Estaba lesionado de pubalgia, hacía la recuperación en Cali. No olvido que don Javier, un verdadero padre para mí, me dijo: ‘qué hubo mijito, va a venir a jugar conmigo en el DIM, usted sabe que no tenemos problema para arreglar’, y así fue como llegué al club".
¿Rojo desde niño?
"De pequeño siempre iba con mi papá al Atanasio a ver los partidos del DIM cuando jugaban Ormeño Gómez, Luis Barbat, Petiso Zárate, Henry Zambrano, Carlos Castro, Pelusa Pérez y Jorge Jara ".
¿Cómo fue el arranque?
"Empezamos el segundo semestre con el profe Reinaldo Rueda, después Víctor Luna se encargó del plantel con un manejo exitoso al llenarnos de confianza y hacer que creyéramos en nosotros para acabar el maleficio de 45 años".
¿Cuál era el estilo del rojo?
"Teníamos un elenco con tenencia de pelota, pasábamos rápido de defensa a ataque, contábamos con dos voladores por las bandas (Roberto Carlos Cortés y William Vásquez Chacón o Ricardo Calle ), Choronta era muy claro como manejador y lanzador, además de contener muy bien. Adelante jugábamos con un tridente, no de delanteros, pero sí de jugadores con mucho gol como David Montoya, Tressor Moreno y yo".
¿Hubo algún secreto?
"Ese DIM de 2002 era un excelente equipo, para mi gusto el mejor de los últimos 13 años, en táctica, técnica y juego vistoso. Luna y el siquiatra Carlos Palacio nos motivaban con charlas para fortalecer la parte mental. Nos metimos en el cuento, aceptamos todas las locuras de Luna y armamos un grupo fuerte para terminar con esa maldición".
¿Algún gol especial?
"El más especial fue el que logré en Pasto de tiro libre para asegurar el título en 2002".
¿Cómo fue la Copa del 2003?
"Una ilusión grande y al final un golpe duro, porque Medellín era un equipo que enamoró a toda Suramérica con su fútbol. Estuvimos a un paso de llegar a la final. No se me olvida que en el juego de vuelta de la semifinal ante Santos, Tressor igualó la serie con su gol y no olvido que Álex, el defensor brasileño me decía: ‘no corrás más Mao que no podemos’, y al final nos ganaron".
¿Qué significó el DIM?
"Lo más importante es que dejamos una marca, le quitamos el peso a los demás, se terminó con ese lema de este año sí, este año sí. Lo cambiamos por este año también".
¿Quiénes han sido los grandes dirigentes?
"Siempre será Javier Velásquez, el papá para todos nosotros, a quien la hinchada roja le debe agradecer toda la vida".
¿Qué significan 100 años para el DIM?
"Es demasiada historia, son muchas cosas por contar. No se necesita ser el más ganador y el más exitoso para sentir la pasión de la hinchada roja. Hay que estar adentro para sentirla y conocer el amor incondicional que se genera".
¿Un hecho inolvidable?
"Un día me llamaron al lobby del hotel y era un hincha invidente que vino de Nueva York y me quería conocer. No podía ver mis goles ni mi rostro y menos el color rojo, pero me tocó y me hizo sentir la verdadera pasión del DIM. Me robó lágrimas y me puso la piel de gallina".
¿Qué le ha faltado al club?
"Ha pasado por muchos momentos difíciles y malas administraciones que no lo han dejado ser más grande. Con su hinchada, fuerza y sentimiento debería ser más exitoso, contar con su sede y proyectarse mejor. Ojalá el centenario le sirva".
¿Y de la hinchada qué?
"Continúa siendo fiel, aunque antes iban 30.000 por juego pese al sufrimiento que siempre generó el equipo. Y apenas empezó a ganar se volvió exigente y eso que llevamos seis finales en una década. No se puede juzgar a la hinchada, pues las malas administraciones la han hecho desistir. En los últimos años, cansada de campañas discretas, se relajó pero sin dejar morir su amor por el DIM".
Pico y Placa Medellín
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