En el seminario sobre "Seguridad y Postconflicto armado en Colombia", realizado la semana anterior en la Universidad Nacional de Bogotá, propuse cómo la Seguridad Regional en las Américas hay que mirarla analizando, de manera interrelacionada, las agendas de seguridad, desarrollo y políticas, porque estas tres dimensiones están interrelacionadas. Veamos tres escenarios recientes.
Durante la guerra fría, hasta finales de los 80 del siglo pasado, la amenaza fundamental en términos de seguridad regional era el comunismo, considerado el enemigo global para el mundo occidental, lo cual subsumía otras amenazas ya presentes en la región; para ello existía un instrumento: el Tiar -Tratado interamericano de asistencia recíproca- y los acuerdos bilaterales de cooperación de Estados Unidos con los diferentes países y el "paraguas" político de la OEA; al tiempo se promovía la democracia liberal como forma privilegiada de régimen político -aunque se convivía con dictadores, siempre y cuando estos hicieran gala de anticomunismo- y se estimulaba el modelo de desarrollo inicialmente centrado en el llamado modelo cepalino -en lo cual las políticas reformistas en lo agrario jugaban un rol importante en la ampliación del mercado interno- y luego las políticas de internacionalización económica y de libre mercado. Esto conllevó en la región el aislamiento de Cuba, la estrategia de la Alianza para el Progreso y políticas contra insurgentes.
En la postguerra fría, durante los 90, luego del colapso de los socialismos europeos, emergen en la agenda de seguridad las "nuevas amenazas", especialmente narcotráfico, tráficos ilegales, conflictos religiosos o étnicos y terrorismo, pero al tiempo el Tiar entra en crisis -se retiran varios gobiernos y no hay decisión política para reformarlo-. La OEA vive un proceso de ampliación y de búsqueda de autonomización parcial de la política norteamericana; al final de este periodo se aprueba la llamada "Carta Democrática" que convierte a la OEA de una organización de Estados a una de Democracias, por supuesto de democracias liberales; las políticas de desarrollo siguen siendo tributarios de los modelos de libre mercado e internacionalización de la economía, pero estas comienzan a ser cuestionadas en su eficacia, especialmente en el caso paradigmático argentino.
En el contexto post atentados terroristas del 11/9 del 2001, la agenda de seguridad va a situar al terrorismo de alcance global como el nuevo sustituto del comunismo -influido esto por el nuevo discurso del gobierno Bush- y aparece con fuerza en la región, especialmente en la zona andina, el discurso de la amenaza del narcotráfico que se va a ligar al terrorismo y a otros tráficos ilegales y al crimen organizado; el conflicto armado colombiano empieza a ser considerado como una amenaza regional y un factor de perturbación de relaciones inter estatales y Colombia a ser visto como el "alfil" de la política norteamericana en Suramérica. En la región llegan gobiernos de centro-izquierda, algunos de los cuales comienzan a cuestionar el modelo de democracia liberal y a plantear la democracia participativa o protagónica como alterna -especialmente los que se ubican como parte del Alba-. Empiezan procesos de creación de nuevos actores regionales como Unasur y el Consejo de Defensa Suramericano -jalonados por el presidente Lula- se percibía como un mecanismo de coordinación regional en el campo de la seguridad regional, pero mecanismos como el Tiar o un sustituto siguen sin generarse, es decir, no hay mecanismos regionales para coordinar políticas de seguridad. EE.UU. centra su prioridad en Oriente Medio y Asia Central y Latinoamérica pierde prioridad para ellos, mas no importancia.
En los últimos años, el gobierno Obama abandona parcialmente el discurso de la guerra contra el terrorismo global y lo precisa en relación con Al Qaeda, sigue mirando a la región de manera distante y en la región se distensionan las relaciones interestatales, especialmente con la nueva política exterior del Gobierno colombiano y la búsqueda de solución negociada del conflicto interno armado, pero igualmente Unasur y el Consejo Suramericano de defensa pierden importancia -el nuevo gobierno brasileño no le da igual importancia que su antecesor- con lo cual la posibilidad de contar con un mecanismo subregional de coordinación de políticas de seguridad regional no se concreta. Y a nivel regional no se termina de recomponer un nuevo mecanismo que sustituya o actualice el Tiar; por su parte el narcotráfico y el crimen organizado se ubican como las nuevas amenazas en seguridad regional y parte de las agendas del postconflicto para Fuerzas Militares y Policiales colombianas.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8