En 2013 conocí a Pastora Mira García, estaba sentada en una de las cafeterías que hay en el parque principal de San Carlos. Tomaba café y fumaba con tranquilidad contemplativa. Sabía que ella misma había encontrado a su hija desaparecida por los paramilitares, sabía que había impulsado el retorno de miles de campesinos a su pueblo, sabía que tenía un carácter férreo. Me encontré entonces a una mujer generosa, sensible, sin miedos. Esa vez escuché su historia por primera vez, durante cinco años nos vimos incontables veces.
Pastora nació el 13 de julio de 1956 en una vereda de San Carlos. Tenía seis años cuando mataron a su padre por razones políticas, en plena violencia bipartidista. La guerra no la soltó nunca más. A los diecinueve, siendo madre de una niña de dos meses, perdió a su primer esposo, también asesinado. Con su segundo compañero tuvo cuatro hijos más; a dos de ellos se los quitaron los paramilitares años después. En 2001 desapareció su hija Sandra Paola, y Pastora tardó siete años en encontrar su cuerpo, con la ayuda de la Fiscalía. En 2005, el Bloque Héroes de Granada asesinó a su hijo menor, Jorge Aníbal.
Nunca se fue totalmente de su pueblo. Trabajó como auxiliar de la Registraduría en la inspección de policía rural, montó una juguetería que tuvo que cerrar cuando los bloques paramilitares empezaron a cobrarle vacuna, y en 1998 se desplazó a Medellín huyendo de la primera de las veintitrés masacres que los paramilitares perpetraron en San Carlos. Volvió dos años después, cuando murió su madre y quedaron sin quien les cuidara dos de sus hijas. El municipio que encontró estaba casi vacío: de veinticinco mil habitantes había quedado una quinta parte. Pastora organizó a las mujeres que se habían quedado para sembrar en las tierras abandonadas, y acompañó a los bomberos, los únicos que se atrevían a salir a las veredas a recoger los cuerpos que dejaban los grupos armados.
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De ahí en adelante construyó una carrera de servicio público sostenida en la tragedia propia. Fue concejala de San Carlos entre 2004 y 2012, primero posesionada tras el desplazamiento de la candidata que la antecedía en la lista, luego elegida dos veces por el Partido Liberal. Desde el Concejo impulsó la primera política pública de víctimas del país y ayudó a jalonar presupuesto de la Unidad de Víctimas para la restitución de tierras. Coordina desde hace años el Centro de Acercamiento para la Reconciliación y la Reparación, un espacio donde desmovilizados y víctimas se encuentran. Uno de esos desmovilizados fue el hombre que participó en el asesinato de su hijo Jorge Aníbal: Pastora lo encontró herido en la calle, lo llevó a su casa, lo curó, y terminó ayudándolo a conseguir tratamiento médico cuando quedó mutilado por una mina antipersona.
Ese gesto —perdonar a quien le quitó un hijo— la llevó hasta el papa Francisco en 2017, a quien le entregó como ofrenda la camisa que su hija desaparecida le había regalado al hijo asesinado. También la llevó a Oslo, en 2016, a acompañar al entonces presidente Juan Manuel Santos a recibir el Nobel de Paz, y en 2024 a convertirse en la primera latinoamericana en ocupar la vicepresidencia de Ubuntu Naciones Unidas, un programa que forma jóvenes líderes en 193 países.
Nada de eso, dice hoy, la ha vuelto una figura de despacho. Sigue metida en el trabajo de campo: hace veinte días estuvo con la Mesa Departamental de Víctimas en el Bajo Cauca, y el fin de semana próximo viaja a San Luis, donde el Centro Nacional de Memoria acompañará una experiencia de memoria en la que ella participará. “Poco, poco necesito los aplausos”, dice sobre esa costumbre de seguir en la calle así la institucionalidad le ponga trabas. Vive sola en San Carlos —“un ave sin rumbo”— y sale de la casa tres o cuatro días seguidos cuando el trabajo comunitario la reclama en otras subregiones.
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El proyecto que más le enorgullece por estos días es uno que San Carlos institucionalizó hace diez años y que, cuenta, no existe en ningún otro país que haya vivido un conflicto armado: el desminado humanitario. A eso suma la búsqueda, todavía inconclusa, de los desaparecidos. Según el subregistro de la Unidad para las Víctimas, ochocientas diecisiete personas figuran como desaparecidas en San Carlos. En el marco de la Ley de Justicia y Paz se lograron exhumar ochenta y siete cuerpos, y la Unidad de Búsqueda, la entidad nacida del Acuerdo de Paz, ha intervenido el cementerio del municipio para dar identidad a treinta y tres cuerpos sin nombre. “Los desaparecidos jamás fueron temas del pasado — dice—. La familia lo sigue necesitando, y no le hacen falta solo a la familia, sino a toda una sociedad”.
El museo de la memoria que ayudó a construir con seis salas —una de ellas dedicada por completo a la desaparición forzada— lleva cerrado desde el treinta de diciembre. La Sociedad de Activos Especiales (SAE) vendió el predio a particulares en 2022, y aunque en abril de este año la resolución que declara el bien de utilidad pública llegó por fin al municipio, disputas internas del movimiento político han retrasado la reapertura. Pastora no se guarda el fastidio, pero tampoco se detiene: sigue trabajando en la mesa de participación efectiva de víctimas, tanto a nivel municipal como departamental.
Este año cumple setenta, aunque prefiere no hablar de números: “Me he consumido setenta caramelos del tarro de la vida”, dice y ríe, y asegura que la pereza todavía no le ha llegado. Pastora Mira no ha dejado de caminar su pueblo. Entre la ruta del agua y la ruta de la memoria que recorre con los universitarios que la visitan, insiste en que su labor no es cosa del pasado ni un capítulo cerrado: es, dice, un camino que todavía falta por recorrer entero.
Preguntas frecuentes
1. ¿Quién es Pastora Mira García y por qué es un referente de reconciliación en Colombia?
Pastora Mira García es una líder social y defensora de los derechos de las víctimas nacida en San Carlos, Antioquia. Es reconocida por impulsar procesos de reconciliación, memoria histórica y retorno de las comunidades desplazadas por el conflicto armado. Su historia de vida, marcada por el asesinato y la desaparición de varios familiares, la convirtió en un símbolo nacional de perdón y construcción de paz.
2. ¿Qué familiares perdió Pastora Mira durante el conflicto armado en Colombia?
Pastora Mira sufrió múltiples hechos victimizantes a lo largo de su vida. Cuando era niña asesinaron a su padre; posteriormente perdió a su primer esposo, su hija Sandra Paola fue desaparecida por grupos paramilitares y encontrada siete años después, y su hijo Jorge Aníbal fue asesinado en 2005. Estas experiencias la motivaron a trabajar por las víctimas y la reconciliación.
3. ¿Cómo encontró Pastora Mira el cuerpo de su hija desaparecida?
Pastora Mira buscó durante siete años a su hija Sandra Paola, desaparecida por grupos paramilitares en 2001. Con el apoyo de la Fiscalía logró localizar e identificar sus restos, convirtiéndose en una de las voces más visibles en la defensa de los derechos de las familias de personas desaparecidas en Colombia.