La reciente ola de violencia en México, tras la muerte del narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, ha encendido las alarmas sobre la seguridad del país de cara al Mundial de Fútbol 2026, que se jugará del 11 de junio al 19 de julio y será organizado de manera conjunta por México, Estados Unidos y Canadá.
Aunque la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, aseguró que no hay “ningún riesgo” para los visitantes durante la cita mundialista, especialmente en Guadalajara, ciudad foco inicial de los acontecimientos tras la muerte del máximo jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la situación en México sigue bajo la lupa de todos los involucrados en el torneo.
La preocupación internacional se refleja en el interés de la FIFA, que según varios medios solicitó informes sobre la seguridad en el país. Además, Bolivia, que disputará la repesca intercontinental en marzo en Monterrey, enviará una carta al máximo rector del fútbol solicitando un incremento en las medidas de seguridad.
Antecedentes de incidentes violentos en eventos deportivos en América
No es la primera vez que la violencia amenaza la realización de un evento deportivo en tiempos de paz. En 2001, durante los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, la Copa América en Colombia estuvo en duda luego del secuestro de Hernán Mejía Campuzano, vicepresidente de la Federación Colombiana de Fútbol y miembro del comité organizador, apenas 16 días antes de la inauguración.
Ese episodio generó una tensión tal que Canadá y Argentina decidieron no participar por motivos de seguridad, siendo reemplazadas por Costa Rica y Honduras. Finalmente, Colombia recibió el visto bueno de la Conmebol, bautizando el torneo como “La Copa de la Paz”. El certamen transcurrió sin incidentes de violencia y se convirtió en un éxito deportivo: Colombia ganó su primera Copa América, y la improvisada selección de Honduras logró un histórico tercer lugar.
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