La historia del rock colombiano cambió para siempre en la noche del 22 de septiembre de 1984. A las 8:30 p.m. y con 980 personas al frente Elkin Ramírez tomó el micrófono y presentó por primera vez su proyecto de vida: la banda Kraken.
El escenario elegido fue el teatro Lux, en el barrio Manrique, que cumplía dos décadas de funcionamiento. Se trataba de un teatro que también funcionaba como cine y tenía capacidad para 1000 personas, según consta en los registros de EL COLOMBIANO de la época.
“Gran concierto 84. Heavy Metal. Kraken y Opus”, decía la boleta impresa en cartulina blanca y con una advertencia al final. Aunque nadie los conocía decidieron que se reservaban el derecho de admisión.
Atrás de la boleta, como elemento de seguridad, está la firma del propio “Titán”. Según Hugo Restrepo, primer guitarrista de la banda, en ese entonces era muy costoso mandar a imprimir boletas y no se conocía de sellos de seguridad. Como tampoco tenían manager o asistentes, era el mismísimo cantante el que firmaba -una por una- las casi 1.000 entradas que se imprimieron.
Restrepo guarda entre sus tesoros la boleta número 911 y cuatro fotos que dan cuenta de ese histórico momento. “Yo tenía una pinta graciosa con balaca en la frente y pañoleta en el cuello. Elkin, en cambio, estaba vestido casi como vikingo. Él siempre tuvo la pinta de rockero, desde el primer día que lo vimos”, recordó.
Entre el público estaban los padres de Elkin y amigos cercanos de la banda. Opus ofició como telonero, y finalmente Kraken salió a escena. Jorge Atehortúa estaba en el bajo, Jaime Tobón en la guitarra rítmica, Gonzalo Vásquez en la batería, Restrepo era el guitarrista líder y Ramírez -para entonces el único “mechudo”- cantaba. La presentación terminó un par de horas después en medio de ovaciones.
Cuando la gente se fue, la banda volvió a ser un grupo de amigos, “gente normal”. Restrepo recuerda así ese momento: “nosotros empacamos todos los instrumentos y cada uno se fue en taxi para su casa. Elkin, que era el líder y el encargado de la administración, se quedó contando la plata, revisando los daños y cuadrando lo que había que pagar”.
Apenas tres días después volvieron a verse y entonces sí celebraron. Recordaron los mejores momentos de la presentación, se felicitaron, se hicieron sugerencias para mejorar y siguieron ensayando.