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Vigencia de un legado Fernando González

El filósofo antioqueño está vivo
en una palabra que trascendió el tiempo, que
provoca el pensamiento y la imaginación.

  • Vigencia de un legado Fernando González
13 de febrero de 2015
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Con el poder de su palabra, con esa singular capacidad para transgredir ha logrado permanecer vivo el pensamiento del maestro de Otraparte, un hombre que supo del valor de la pregunta como esa llama que ilumina infinitas respuestas. En Fernando González hubo siempre riesgo sin concesión. Nunca dejó de reinventarse, de provocar, de invitar a reflexionar sobre el ser del hombre, sobre la educación, la sociedad y la política.

Nació y murió en Envigado. El 24 de abril de 1895 vio la luz y sus ojos se cerraron el 16 de febrero de 1964. Su pensamiento franco se ha mantenido en libros como Pensamientos de un viejo, El payaso interior, Viaje a pie, Mi Simón Bolívar, El Hermafrodita dormido, Salomé, El remordimiento, Cartas a Estanislao, Los negroides y Las cartas de Ripol.

Vivió en Envigado, en la finca Otraparte, un lugar que conserva su energía. Gracias al impulso de Gustavo Restrepo y Sergio Restrepo, el hoy de este espacio hubiera encantando a Fernando González, él hubiera gozado con ese oasis visitado por jóvenes y adultos. Precisamente, en la página virtual de la Corporación Otraparte, se lee un texto del también pensador colombiano Wiliam Ospina en el que dice: “... Estoy seguro de que no otra cosa pretendía Fernando González, alcanzar un estilo, alcanzar una prosa, que pudiera ponernos en contacto no con unas verdades sino con unas realidades, no con la respuesta a los enigmas del Universo sino con una alma infusa de preguntas, de asombros, de dudas, de momentáneas certezas, de pasiones, de deslumbramientos”.

“Llamarlo filósofo es una comodidad para nosotros, pero muchos sentirán la tentación de decirle místico, de decirle poeta, y yo no dudaría demasiado en llamarlo simplemente un hombre. Alguien que aspira menos a ejercer un oficio, a practicar una disciplina, a cumplir una tarea, que a ser consciente de su vida minuto a minuto y permitir que de la abundancia del corazón hablen los labios...”. Desde estas páginas invitamos a descubrir a Fernando González. Fue la voz de una época, un adelantado a su tiempo. Su eco llega hasta ahora

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