Después de tantos años de haber vivido bajo la pesada oscuridad de nuestro largo conflicto armado, a veces es difícil ser optimistas. Todos los colombianos de alguna u otra manera hemos tenido que cargar con la penumbra de la violencia y eso en ciertas ocasiones ha menoscabado la fe en nuestra sociedad, en nuestro país, en nosotros mismos, en lo que podemos llegar a ser.
Muchas personas en silencio y sin buscar un reconocimiento más allá de la satisfacción personal de salvar una vida o llevar una alegría, están generando pequeñas luces que guían el camino hacia la reconciliación y a las garantías de no repetición de hechos violentos.
Aunque pueda sonar paradójico, desde mi trabajo actual como Director General de la Agencia Colombiana para la Reintegración...