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Él es Johannes Klaebo, el noruego que desafía la historia del esquí de fondo olímpico

El noruego entró al selecto grupo de máximos ganadores de medallas de oro en Juegos Olímpicos. Pero en las justas que se celebran en Milán-Cortina aún puede hacer más historia.

  • Johannes Klaebo, entre los grandes del deporte olímpico. FOTO X-@Olympics
    Johannes Klaebo, entre los grandes del deporte olímpico. FOTO X-@Olympics
hace 2 horas
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Curtido en temperaturas bajo cero y en un país donde el esquí de fondo es religión, el noruego Johannes Klaebo pasó de ser un adolescente callado y de baja estatura a una leyenda del deporte, alcanzando el récord de ocho olímpicos de invierno.

Son ahora cuatro los noruegos que ostentan esa plusmarca, ya que se ha unido en el selecto club a los esquiadores de fondo Marit Bjoergen y Bjoern Daehlie, y al biatleta Ole Einar Bjoerndalen, a los que amenaza con dejar muy atrás, con tres opciones más de título en Milán-Cortina.

¿Quién hubiera creído que Johannes, que tiene ahora 29 años, iba a hacer historia de esta forma hace quince años?

Porque si este viernes supera el 1,80 metros de altura, Klaebo era una cabeza más bajo que el resto de compañeros, que tenían una envergadura física y un desarrollo con el que no podía competir.

“Johannes ha sido durante mucho tiempo muy bajito. Tenía talento con 11 o 12 años, pero luego dejó de crecer, al contrario que los demás”, contó su madre, Elisabeth Hosflot Klaebo.

Lea: El piloto Heraskevich enfurece por descalificación en los Olímpicos: “Que la verdad venza”

“Tuvo unos años bastante difíciles cuando vio que los demás iban siendo mejores que él”, explica.

De aquella frustración nace en gran medida su espíritu competitivo y su deseo de ser el mejor.

“Cuando era niño decía que estaba enfermo y volvía de la escuela para ver la Copa del Mundo de relevos”, sonríe su madre. “Pasaba mucho tiempo en YouTube estudiando la técnica y aprendiendo cómo emular los gestos de los esquiadores”, apunta.

Ante la inferioridad física que tenía en la adolescencia, Johannes decidió perfeccionar la técnica para compensar. Trabajó el equilibrio y la coordinación, a menudo de manera lúdica, pero siempre incansablemente.

Una bestia del entrenamiento

Adicto a los entrenamientos, compatibilizaba el esquí y el fútbol en aquellos años de adolescencia.

“El Johannes de entonces no era el que luego vi en la televisión en los años siguientes. Incluso cuando tenía 16 años era imposible predecir cómo de bueno iba a ser”, dice su entrenador de la etapa juvenil, Rune Sandoy.

La metamorfosis se produjo en la temporada 2013-2014.

Johannes creció de golpe y registró sus primeras victorias en las competiciones nacionales de Noruega en categoría júnior.

Fue entonces cuando un día anunció a su abuelo materno, Kåre Høsflot, que le enseñó a esquiar con dos años, que iba a ser algún día el mejor del mundo.

“Diseñamos entonces un programa a seguir día a día, desde el verano. Y así ha sido, más o menos, en el resto de su carrera: tiene un programa que seguir prácticamente a diario”, cuenta Kåre.

A sus 83 años, el abuelo habla casi todos los días con su nieto por teléfono.

Un mito olímpico

En los Juegos de Pyeongchang 2018, Johannes ganó sus primeras tres medallas de oro olímpicas (esprint clásico, esprint por equipos y relevos 4x10 km).

“La sabiduría popular dice que hay que entrenar al menos 10.000 horas para convertirse campeón olímpico”, subraya Kåre. “Cuando participó en los Juegos Olímpicos en Corea (del sur) en 2018, solo tenía 3.000 horas en sus piernas”, analiza.

Añadió a la cuenta otros dos oros en Pekín 2022 (esprint libre y esprint por equipos), antes de su cosecha de Milán-Cortina, donde ya va por tres y aspira a seguir elevando el listón, con otros tres posibles.

De manera paralela a su cosecha olímpica, Klaebo suma quince títulos mundiales y cinco globos de número 1 mundial.

Ídolo local

En el club de Byåsen, toda una institución de la ciudad de Trondheim, los jóvenes lo tienen como ídolo.

Hablan de Klaebo como de una estrella del rock, especialmente desde su pleno de seis títulos mundiales en el Mundial de marzo del año pasado, precisamente en Trondheim.

“Es un modelo para mí y para muchos otros en el club”, asegura Isac, de 13 años.

“Fue totalmente mágico cuando ganó seis medallas de oro aquí”, recuerda Lova, de 12 años.

Como el resto de noruegos, siguen con orgullo y entusiasmo el paseo triunfal de su ilustre compatriota en Italia, de donde tiene ya seguro volver como un héroe.

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