Aquel que conozca la Biblia seguramente se entenderá fácil con Juan David Pérez. Este delantero, antes de salir a los entrenamientos diarios, se lee alguno de los Salmos para sentirse protegido.
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora, con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro”.
Este aparte del Salmo 91 es casi el pan de cada día del atacante del Independiente Medellín, porque cuando lo lee se llena de confianza para hacer su trabajo de la mejor manera.
Su familia es cristiana y desde niño, en Montelíbano, Córdoba, su contacto con el Creador ha sido constante y efectivo.
Es más, cuando este jugador de 1,78 metros de estatura y calvicie prematura quiere revitalizarse espiritualmente, también hace la lectura del Salmo 23 que comienza con “el Señor me pastorea, nada me faltará” y remata con “no temeré ningún desastre, porque tú estás conmigo; tu vara y tu báculo han sido mi consuelo”.
Armado de esa energía divina, aunque en ningún momento pensó en ser sacerdote, ya que entre sus planes a mediano plazo está casarse y ser padre de dos hijos (“ojalá la pareja con la ayuda de Dios”), Juan David se abrió un espacio en el fútbol colombiano gracias a su perseverancia.
Todavía recuerda esa época en la que DIM, Envigado y Nacional no se fijaron en él, pero no los culpa, porque apenas estaba forjando un nombre en el fútbol. Lo que sí valora este amante de las matemáticas es que gracias a la continuidad que le dio Alberto Hurtado en Ferroválvulas, llegó al Chicó, conjunto que lo proyectó.
Le sobró respaldo
En el colegio “era buen estudiante”, pero Juan David tenía claro desde chico que quería ser profesional de la pelota. Más cuando su padre Tulio entendió que su hijo no estaba para seguir sus pasos como lubricador en Cerro Matoso, y lo apoyaba con su madre, Leidy Benítez, para comprar guayos y balones finos. “Me gustaban los Maracaná negros y los balones Golty y Mikasa, porque resistían la goma que me sirvió para llegar a un club grande como Medellín”.
Lo último no le impide admitir que gracias a que Wilson Cano lo vio, llegó al Boyacá Chicó, conjunto con el que tuvo sentimientos especiales ayer en el Atanasio.
“Actuar ante el elenco ajedrezado me hizo recordar cosas lindas y momentos importantes, porque allá tuve varias experiencias agradables”. Sin embargo, dice que enfrentó con la intención de marcarle gol al elenco en el que lo trataron muy bien y lo dieron a conocer en el rentado.
Ahora que se viene la Semana Santa este joven, que contó con todo lo necesario en su niñez, seguirá fiel a sus Salmos y derrochará más espiritualidad, aunque es evidente que en su agenda el tema religioso ocupa un lugar especial.
Juan David Pérez no hará parte de procesiones ni tendrá tiempo para ir a visitar los monumentos, pero sí aprovechará esta época para ratificar que es “un ser bendecido por el Creador”.
De eso se dio cuenta cuando, a los 10 años, descubrió quién era el Niño Dios. “Ahí entendí cómo era ese paseo, que siempre será lindo para los pequeños, porque les ayuda a conservar su inocencia ”.
Juan David sabe que “el fútbol no es eterno”, razón por la que piensa adelantar estudios en una profesión relacionada con el deporte cuando termine su vida activa. Esto sin dejar de lado la estrecha relación que lleva con Dios, al que le pide “piedad y sabiduría”, como lo hace en el Salmo 51 que también lee casi diario para triunfar en las canchas y buscar los goles que hace una semana le empezaron a aparecer con el DIM en Pasto.
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