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¡Por fin terminó la sequía de Brayan!

León Muñiz llevaba 38 partidos sin marcar. La última vez que lo había hecho fue el 28 de noviembre de 2022, cuando jugaba en el Pereira.

  • Brayan León Muñiz, de 23 años, llegó al DIM en julio pasado, proveniente de Junior. Ha jugado 1.200 minutos con el Poderoso. FOTO CAMILO sUÁREZ
    Brayan León Muñiz, de 23 años, llegó al DIM en julio pasado, proveniente de Junior. Ha jugado 1.200 minutos con el Poderoso. FOTO CAMILO sUÁREZ
23 de octubre de 2023
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Hay quienes dicen que once meses no son nada, que se van en un suspiro. Pero como el tiempo tiene la singularidad de esfumarse entre los dedos cuando todo sale bien y perpetuarse, como si fuera una condena, cuando nada marcha de manera ideal, a Brayan León Muñiz le pareció una eternidad pasar tantas hojas del almanaque sin anotar gol.

Más porque intentó romper esa sequía con desespero. Lo tuvo cerca muchas veces. Lo buscó en los 18 partidos que disputó con Junior, pero la pelota daba en el palo. También en los 17 juegos previos que tuvo con el Medellín este semestre, pero la bola no entraba. El éxtasis del gol le fue tan esquivo que ni siquiera pudo celebrar cuando sus compañeros, en un gesto de solidaridad con él y rebeldía contra la voluntad del técnico Alfredo Arias, lo dejaron patear un penalti en el duelo contra Chicó.

Se lo atajaron. Esa noche León se veía desconsolado. Se quedó postrado de rodillas en el suelo, tal vez suplicando ayuda divina, quizás con un ¿por qué no se me da? carcomiéndole la cabeza, ocupándole los pensamientos.

Parecía que la condena no terminaría. Incluso en las tribunas del Atanasio Girardot se llegó a comentar, medio en serio, medio en broma, que el delantero nacido en Turbaco, Bolívar, hace 23 años, tenía que hacerse un baño con ruda para ver si le volvía la suerte.

Un trabajo silencioso

Mientras que era resistido por una parte de la afición roja, León se esforzaba para echársela en el bolsillo. Los entrenamientos terminaban y él se quedaba haciendo trabajos de definición junto al técnico y otros compañeros del ataque. Algunas veces marcaba. Otras no. Cuando la pelota le entraba en las prácticas, celebraba como si hubiera anotado el tanto del título en una final.

Pero en los juegos de Liga y Copa no le entraban. Sin embargo, Brayan no lo hacía mal. Es cierto que a los delanteros se los mide por los goles que marcan. Pero también es verdad que, cuando se juega con dos atacantes (como pasa en este DIM), es importante que haya uno que corra, meta el lomo, busque espacios, desgaste a los rivales para que otros puedan celebrar.

León asumió ese rol. Al principio le costaba. Después le cogió el tiro: “antes era muy sacrificado, venía a la mitad, a la banda, recibía lejos del arco. Por eso le costaba volver a su posición y le tocaba rematar desde afuera. Ahora está más cerca del área. Baja hasta la mitad y está cerca de su zona natural. Por eso ataca con mayor ahínco”, analizó el extécnico rojo Óscar Pérez.

El día menos pensado

Algunos poetas dicen que los hombres siempre estamos a merced del destino, que el azar muchas veces elige por nosotros y nos pone en el momento y el lugar adecuado.

Eso pasó la noche del domingo con Brayan León, que fue suplente en el inicio del duelo contra Pereira, pero ingresó al minuto 19 porque se lesionó Luciano Pons.

El hado del joven atacante estaba escrito y él no lo sabía: en su historia decía que el 22 de octubre de 2023 le marcaría al equipo con el que había celebrado el 28 de noviembre de 2022 su último gol.

Solo llevaba 3 minutos en la cancha cuando un jugador del Pereira rechazó mal de cabeza, León controló el balón, arrancó en una carrera desenfrenada hacia el arco, pateó cruzado y venció a Aldair Quintana.

Primero celebró con calma. Corrió hasta la línea lateral. Se arrodilló y persignó. Luego se agachó y un llanto de desahogo los desbordó cuando fue consciente de que la condena que parecía eterna había terminado, mientras sus compañeros lo señalaban y pedían los vítores del público. Treinta y ocho partidos, once meses después, el delantero León volvió a rugir y a marcar un gol.

Las divisiones menores del DIM han tenido un buen 2023. Desde las directivas del club se le ha apostado al fortalecimiento de los procesos con los juveniles y eso está dando frutos. Este fin de semana el equipo sub-20, que es dirigido por Sebastián Botero, clasificó a las semifinales del Torneo Nacional que organiza la Difutbol. Lo hizo después de vencer 3-0, con goles de Beiner Moya (doblete) y Juan David Arizala, al Barranquilla F.C. (divisiones menores de Junior). La serie quedó con un marcador global de 6-3 en favor del Poderoso. El próximo rival saldrá del duelo entre Nacional y Cortuluá.

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