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“Quería ir donde nadie había llegado antes”: Atsushi Yamanaka, el primer japonés en el fútbol colombiano

Un ciudadano nipón de 33 años pisó por primera vez una cancha oficial del fútbol colombiano en la División C. Le tomó catorce años cumplir este sueño. Esta es su historia.

  • La alegría de Atsushi Yamanaka tras convertirse en el primer japonés en jugar un partido oficial del fútbol colombiano. Para él, es un sueño cumplido y espera disfrutarlo al máximo. FOTO cortesía Distrito élite
    La alegría de Atsushi Yamanaka tras convertirse en el primer japonés en jugar un partido oficial del fútbol colombiano. Para él, es un sueño cumplido y espera disfrutarlo al máximo. FOTO cortesía Distrito élite
hace 44 minutos
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En 2003, Atsushi Yamanaka tenía once años y vio por primera vez en su vida un partido de fútbol.

Fue el 8 de junio en el Estadio Nagai de Osaka, un óvalo gigante de concreto blanco y gris para 50.000 personas que se había estrenado apenas un año antes en la Copa Mundial que organizaron Corea y Japón. Se sentó detrás del arco norte con sus padres, la señora Mitsue y Susumu Yamanaka. En las sillas de enfrente, varios jóvenes desplegaron una pancarta blanca con cuatro kanji rojos que decían Ganbare Nippon. En español: “Adelante, Japón”.

La selección nacional, los “samuráis azules”, jugaba contra Argentina en la primera fecha de la Copa Kirin, un torneo amistoso organizado por la cervecera Kirin Bīru Kabushiki-gaisha. Los suramericanos, dirigidos por Marcelo Bielsa, ganaron 4-1.

Al minuto 30, Pablo Aimar eludió a dos rivales y le dejó el balón servido a Saviola, que envió el esférico ajustado al palo izquierdo del arquero Narazaki. Las tribunas enmudecieron. Luego, al minuto 45, Zanetti gambeteó al lateral izquierdo japonés Toshihiro Hattori, combinó con Saviola y remató desde afuera del área. Un auténtico golazo. Esa noche, en el autobús de vuelta a su casa en Neyagawa, Atsushi miraba por la ventana los edificios del sur de Osaka pasar uno a uno. Desde entonces no pudo sacarse de la cabeza ese fútbol latino, rápido, físico y técnico. No se parecía a nada de lo que había visto antes.

Veintitrés años después, el martes 12 de mayo de 2026, ese joven nipón, ahora convertido en futbolista, ingresó a una cancha en la localidad de Fontibón, en el occidente de Bogotá, para convertirse en el primer ciudadano japonés en disputar un partido oficial del fútbol colombiano.

Su equipo, Club Deportivo Distrito Élite, ganó 9-1 a Comando Galáctico F.C. en la tercera fecha del Campeonato Nacional BetPlay Interclubes Primera C, el torneo oficial de tercera división del fútbol colombiano. Yamanaka entró al minuto 25 del segundo tiempo en reemplazo del defensa central Andrey Cuesta y jugó los últimos 20 minutos como central izquierdo.

“Hoy hice historia”, le dijo a EL COLOMBIANO después del partido, empapado por la lluvia que cayó sobre el final. “Estoy muy, muy contento”.

El único antecedente

Hasta ahora, no había registro de un futbolista nacido en Japón que jugara en Colombia. El único vínculo conocido es el de José Kaor Dokú Bermejo, exjugador de clubes como Nariño de Barranquilla, Millonarios e Independiente Santa Fe, con el que fue campeón en 1948.

Según registros históricos del equipo capitalino, donde desarrolló gran parte de su carrera, debutó el 17 de octubre de ese año en un juego ante Medellín y disputó 77 partidos, con un total de 6.509 minutos entre 1948 y 1953.

Hijo del inmigrante japonés Toshio Dokú y la colombiana Candelaria Bermejo, José Kaor llevó con orgullo sus raíces asiáticas, pero nació en Asiacurí, Atlántico, el 16 de mayo de 1924. No tuvo vínculo con el fútbol nipón y, en estricto sentido, hasta Yamanaka nunca hubo futbolistas japoneses en canchas de nuestro país.

La historia del fútbol japonés está ligada al exterior desde sus inicios. A mediados del siglo pasado, Yasuhiko Okudera, un joven oriundo de la prefectura de Akita, participaba en la incipiente liga amateur japonesa, donde por entonces el béisbol llamaba la atención del gran público y de los patrocinadores.

Como mediocampista, jugaba para el equipo de la empresa eléctrica Furukawa y en 1977 viajó de gira con su club a Alemania. En un partido amistoso, llamó la atención de ojeadores del 1. FC Köln y a las pocas semanas se convirtió en el primer japonés en jugar en el extranjero. Ganó el doblete de Bundesliga y Copa Alemana con el Köln en 1978 y pasó nueve años en suelo bávaro.

En 1986 retornó al fútbol de su país, pero impuso condiciones en su contrato que empujaron hacia la profesionalización de la liga, que culminó con la creación de la J. League en 1992.

Para 2026, más de 300 futbolistas japoneses juegan en ligas extranjeras, según la Federación Japonesa de Fútbol. Al menos cien de ellos militan en Europa, principalmente en Inglaterra, España y Alemania, con nombres destacados como Wataru Endo (Liverpool), Takefusa Kubo (Real Sociedad) o Hiroki Ito (Bayern Múnich).

En Latinoamérica, sin embargo, los casos han sido esporádicos: el histórico Kazuyoshi Miura jugó en Brasil en los años ochenta y algunos han pasado por Argentina, como el delantero Ryuji Harada, que defendió los colores de Libertad de Campo Santo y cinco clubes más del ascenso gaucho.

14 años buscando ese partido

Yamanaka nació el 22 de julio de 1992 en Osaka y se formó en las categorías inferiores del Gamba Osaka, uno de los clubes fundadores de la J. League y cantera de figuras como Junichi Inamoto, el primer japonés en jugar en la Premier League, cedido al Arsenal de Wenger en 2001.

“No tuve muchas oportunidades en el fútbol profesional japonés. Faltaban contactos”, cuenta Atsushi. Por eso, a los 19 años buscó en Internet un agente FIFA que pudiera llevarlo fuera del país. Así encontró a Roberto Sato, de raíces japonesas y paraguayas, a quien le escribió un correo.

Con sus padres visitó su oficina en Tokio y tres meses después abordó un avión por primera vez en su vida rumbo a Asunción para probarse en el Club Atlético Juventud de la Primera C Metropolitana, el cuarto escalón del ascenso paraguayo.

“Mi padre dijo: ‘Cuídate mucho. Siempre vamos a pensar en ti’. Fue un apretón de manos y ya. Así son las despedidas japonesas”.

Desde ese primer viaje en 2012, ha militado en más de diez equipos profesionales y semiamateur, como General Caballero Zeballos Cué y River Plate Asunción (segunda división de Paraguay), Atlético San Cristóbal (primera división de República Dominicana) o CS Uruguay Coronado (primera división de Costa Rica), con contratos a sueldo fijo o con paga según el rendimiento de cada partido.

“En Paraguay, si el equipo perdía, no había premio. No había paga”, recuerda.

Aunque no lleva estadísticas exactas de su carrera, como partidos y minutos jugados, en sus redes sociales conserva en video el único gol que ha anotado, marcado en 2015 al Atlántico Puerto Plata en la liga dominicana.

Sin embargo, su sueño era jugar en Colombia, cuna de cracks a los que quiere y admira, como Juan Fernando Quintero.

“El fútbol colombiano es más técnico, más vivo. Japón es como España, muy ordenado. Pero el fútbol latino tiene algo diferente. Desde que vi partidos de Colombia en el Mundial ya quería estar acá. Quería ir donde ningún japonés había ido antes”, explica. “En Argentina ya habían jugado japoneses, en Brasil también. Pero en Colombia, nunca. Por eso vine”.

En 2018 llegó por primera vez a Colombia y estuvo algunos días a prueba en Cortuluá y Deportivo Pasto. Pero sufrió una grave lesión del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha y volvió a su natal Osaka, donde lo atrapó la pandemia de coronavirus.

Tuvo que esperar hasta 2021 para ser operado de su lesión y estuvo más de un mes hospitalizado.

“Fue un momento muy duro, pero siempre fui optimista”, dice. “Aprendí a caminar desde cero: primero solo la punta del pie, luego la planta y después el talón. Semana a semana”.

La Primera C y la espera

Su regreso a Suramérica ocurrió en 2025, cuando jugó la Copa Trinche con el Independiente de Bogotá y, en el segundo semestre, vistió los colores del Club Atlético Colegiales en Paraguay.

A inicios de 2026 volvió a radicarse en Bogotá para jugar con Distrito Élite, equipo del grupo 11 del Campeonato Nacional BetPlay Interclubes Primera C, de la Difútbol, que este año arrancó con 250 equipos inscritos, la cifra más alta de su historia, y otorgará por primera vez la posibilidad de ascenso al fútbol profesional colombiano.

El debut de Yamanaka se demoró tres fechas del torneo por un problema con el pase internacional desde Paraguay. Cuando llegó el documento y le entregaron su carné oficial, su nombre apareció en el puesto 14 de la convocatoria.

Cuando el director técnico Mario Valencia lo llamó al minuto 25 del segundo tiempo, le dio una sola instrucción: “Juega sencillo. Tranquilo”.

Yamanaka cruzó la línea sin ningún rito previo.

“Dentro de mi cabeza solo pensaba cómo defender, cómo no dejar que metieran gol”, recuerda.

Al final del partido, mientras sus compañeros comentaban el triunfo al borde de la cancha, se sentó a un costado y se cambió en silencio. “Hoy hice historia”.

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