Más allá de que cuando una eliminación se juega a partido único pueden pasar muchas cosas, lo cierto es que a Atlético Nacional le terminaron pesando varias decisiones tomadas a lo largo de este proceso. Más que un accidente futbolístico, la derrota dejó al descubierto errores de planificación, de manejo del plantel y también de rendimiento individual en los momentos determinantes.
Uno de los primeros puntos de discusión es el nombramiento de Diego Arias como entrenador. Si bien es un técnico que se ha preparado y que ha mostrado números aceptables, todavía parece estar en una etapa temprana para asumir la responsabilidad de dirigir a un club de la exigencia de Atlético Nacional. Tener un entrenador de mayor recorrido no garantiza el éxito, pero al menos reduce el margen de improvisación y la presión institucional.
Arias ha mostrado que, cuando llegan los retos decisivos, el salto de calidad aún no aparece. Este año perdió ante Deportivo Cali, Deportes Tolima y Millonarios, rivales que se consideran directos en la lucha por los títulos. Además, el año anterior tampoco logró llevar al equipo a la final en los cuadrangulares, algo que ya encendía señales de alerta sobre la capacidad del equipo para responder en instancias definitivas.
Otro error importante en la planificación fue ignorar la necesidad de un defensor central de perfil derecho. Durante meses, tanto el periodismo como la afición señalaron esa carencia. La salida de Juan José Arias terminó dejando el puesto en manos del juvenil Simón García, quien ha mostrado condiciones, pero también la lógica inexperiencia propia de su edad.
La idea era contar con un defensor en ese sector de una jerarquía similar a la de William Tesillo, quien aporta seguridad desde el perfil izquierdo. Incluso César Haydar, que también es zurdo, ha tenido que adaptarse ocasionalmente a ese sector, aunque no sea su posición natural.
Precisamente esa debilidad se reflejó en el partido decisivo ante Millonarios FC. El segundo gol del rival llegó tras un error individual de Simón García, quien cometió un penalti evitable. El joven defensor ha demostrado talento, pero en varios encuentros importantes ha lucido nervioso, algo comprensible por la responsabilidad que carga sobre sus hombros.
Otro cuestionamiento apunta a la gestión del arco. El club fichó al portero Kevin Cataño, quien venía destacándose en Real Cundinamarca, pero hasta ahora no ha tenido oportunidades reales. Esto ocurre pese a que David Ospina y Harlen Castillo han mostrado falencias en varios compromisos. La decisión de no rotar o evaluar alternativas en una posición tan clave también genera debate.
En el costado derecho de la defensa se repite una situación similar. Andrés Román no tiene actualmente una competencia de jerarquía que lo obligue a elevar su nivel. Su rendimiento lleva tiempo estancado y el juvenil Cristian Uribe, aunque tiene proyección, aún no parece listo para disputarle el puesto con el mismo peso competitivo.
Pero no todo se reduce a decisiones dirigenciales o técnicas. Varios jugadores experimentados también tienen una gran cuota de responsabilidad. En un partido de esta magnitud, resulta llamativo que quien asumiera el protagonismo fuera un juvenil como Juan Manuel Rengifo, mientras futbolistas de mayor ascendencia no lograron aparecer.
Figuras como David Ospina, William Tesillo, Andrés Román, Matheus Uribe o Jorman Campuzano no lograron marcar diferencia en el momento que el equipo más los necesitaba. Incluso el goleador Alfredo Morelos pasó desapercibido. De hecho, un referente histórico del club como Faustino Asprilla ha señalado que el delantero suele marcar en fase regular y ante rivales menores, pero no en partidos de alta exigencia.
Algo similar ocurre con Marlos Moreno. Su regreso despertó ilusión entre los hinchas, recordando al jugador desequilibrante que brilló entre 2015 y 2016. Sin embargo, su nivel actual dista mucho de aquel futbolista que fue determinante en una de las épocas más exitosas del club.
Finalmente, también hay una responsabilidad compartida con parte de la prensa deportiva, que durante meses instaló el discurso de que Atlético Nacional tiene la mejor nómina del país. Puede que sea la más costosa, pero el fútbol demuestra que la mejor plantilla es la que responde en los partidos determinantes. Y en esta ocasión, cuando llegó la hora de demostrarlo, el equipo no estuvo a la altura.
La eliminación, entonces, no puede explicarse solo por un partido. Es el resultado de decisiones discutibles, de oportunidades desaprovechadas y de un equipo que todavía no logra responder cuando la exigencia alcanza su punto más alto.