En la casa de Gusa reposan dos tesoros: el balón con el que Nacional conquistó la Libertadores y el trofeo que le entregaron a Víctor Aristizábal cuando anotó su gol 300.
Luis Fernando Muñoz, o Gusa como le apodó su mamá, llegó a Nacional el 6 de agosto de 1994 para hacer un reemplazo durante tres meses. Ya son 24 años como utilero del club.
“He acompañado a veinte técnicos y cientos de jugadores. Imagínese lo que es ser hincha del club desde 1976 y sentir que he podido ayudar, con mucho cariño y entrega a lo largo de tantos años, es muy bonito. Ahora, por ejemplo, estamos eliminados pero yo llego con el mismo sentido de pertenecia a trabajar y tenerles todo listo a los muchachos desde las seis y media de la mañana”, cuenta.