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Una exposición sobre arte y naturaleza para reabrir la sala Sura

Suramericana reabrió este 13 de abril su sala de arte con “Raíz”, un homenaje a los jardines y la colección de arte de la compañía.

  • ‘Estudio de Robledo’ (1990), de Marta Elena Vélez, hace parte de la colección de arte de Sura. FOTO Julio Herrera
    ‘Estudio de Robledo’ (1990), de Marta Elena Vélez, hace parte de la colección de arte de Sura. FOTO Julio Herrera
  • ‘Maceta mapa autorretrato’ (1994) es una obra en técnica mixta de Ana Patricia Palacios. FOTO Julio Herrera
    ‘Maceta mapa autorretrato’ (1994) es una obra en técnica mixta de Ana Patricia Palacios. FOTO Julio Herrera
  • ‘Mar interior’, una instalación de Natalia Giraldo. FOTO Julio Herrera
    ‘Mar interior’, una instalación de Natalia Giraldo. FOTO Julio Herrera
  • ‘Flora’, de Antonio Roda, es una impresión sobre papel. FOTO Julio Herrera
    ‘Flora’, de Antonio Roda, es una impresión sobre papel. FOTO Julio Herrera
13 de abril de 2023
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Antes de entrar en el edificio de Suramericana, en el occidente de Medellín, ya estás dentro de los límites de un jardín. El bambú gigantesco que flanquea la vista de la fachada llega el tercer piso del edificio. Por esa zona comercial y residencial transitan carros y transeúntes entre corredores de hierba y plantas; se oyen pájaros, fuentes de agua, el murmullo de los motores, los pasos de los peatones...

La vegetación brota, aunque no siempre igual, como un recordatorio de lo que antes era solo campo. Francisco Antonio Cano lo pintó —el lugar donde se emplazó el edificio principal de la compañía de seguros y pensiones— en uno de sus óleos. Esa pintura de 1892, titulada Paisaje, muestra vacas, un campesino, un bebé, árboles y un prado verde que domina con las montañas la composición. Todo eso que ya no hay o, fuera del arte, ha sido usurpado a la vista.

El cuadro de Cano es una de las más de treinta piezas de la exposición Raíz, un homenaje al vínculo entre arte y naturaleza organizado por Sura y curado por Sol Astrid Giraldo. La muestra, inaugurada este 13 de abril, sirve para abrir nuevamente la sala de arte de la organización con obras de los artistas de su colección y de otros contemporáneos invitados: Carlos Arango, Esteban Gutiérrez, Jorge Ortiz, Leifer Hoyos, Natalia Giraldo, Omar Ruiz y la compañía Sankofa Danzafro.

La exposición está abierta desde este 13 de abril hasta su cierre en septiembre en el edificio de Suramericana (Cra 64 B # 49A 30), con entrada libre de lunes a viernes de 8:00 a. m. a 5:00 p. m. y sábados de 8:00 a. m. a 12:00 m. Habrá visita guiada los sábados a las 11:00 a. m. o con grupos de más de 12 personas programadas previamente.

Emprendida desde los años setenta, la colección de arte de Sura suma hoy más de mil piezas de grandes nombres del arte nacional y latinoamericano, algunos de ellos en la exhibición. Además de Francisco Antonio Cano, figuran Alejandro Obregón, Débora Arango, Jesús Abad Colorado y Ethel Gilmour.

‘Maceta mapa autorretrato’ (1994) es una obra en técnica mixta de Ana Patricia Palacios. FOTO Julio Herrera
‘Maceta mapa autorretrato’ (1994) es una obra en técnica mixta de Ana Patricia Palacios. FOTO Julio Herrera

La muestra se centra en cinco componentes: la historia de la sede de Otrabanda, nombre con el que era conocido antiguamente el sector; las esculturas que lo rodean (“Monumento a la Vida”, de Rodrigo Arenas Betancourt, “Bosque aéreo”, de Ricardo Cárdenas y otras de Salvador Arango); el parque como espacio público de la ciudad, y la mencionada colección artística.

La curadoría tuvo en cuenta una noción decisiva en la concepción de este espacio de la ciudad: la de convertir ciudades en jardines, casi como una extensión de los jardines que ocupan buena parte de los patios y terrazas de las viejas casas.

“La idea era que toda la ciudad se volviera una ciudad jardín, no se volvió toda la ciudad, pero este pedacito se conservó. La exposición es un homenaje a ese proceso ambiental”, explica Sol Astrid Giraldo. La curadora agrega que hasta terminado el siglo XIX, Medellín creció solo hasta el río, y en el lado de la ciudad conocido como Otra Banda, Sura tuvo una gran importancia en el desarrollo urbanístico y botánico.

‘Mar interior’, una instalación de Natalia Giraldo. FOTO Julio Herrera
‘Mar interior’, una instalación de Natalia Giraldo. FOTO Julio Herrera

“Cuando en 1963 los directivos de la compañía compraron varios lotes pantanosos en la Otrabanda del río Medellín para construir el Centro de Suramericana, se hizo una apuesta arriesgada. También lo fue su proyecto urbanístico. La nueva sede no se elevó como los rascacielos, sino que se expandió en un inédito oasis horizontal. Allí, al lado de árboles, flores y follajes, fueron levantándose edificios como plantas vivas”, escribe la curadora en un texto de presentación.

Astrid Giraldo destaca las “piedras, peces, pájaros, espejos de agua, cascadas, flores, senderos y esculturas” que ofrecen “una gota fresca de silencio, pausa y belleza” en el jardín de Sura. Esos detalles también le dan más cuerpo al subtítulo de la exposición, que amplía su diálogo al tomar el nombre de una importante obra para el arte: El jardín de las delicias, de El Bosco. “Sembrar un jardín que sonría en el interior de la trepidante máquina urbana siempre será una utopía”, apunta la curadora.

‘Flora’, de Antonio Roda, es una impresión sobre papel. FOTO Julio Herrera
‘Flora’, de Antonio Roda, es una impresión sobre papel. FOTO Julio Herrera

Taller de dibujo

En de la apertura de la exposición sobre arte y naturaleza se realizó en las instalaciones del edificio de Suramericana un taller de dibujo con uno de los artistas invitados a la exposición, Omar Ruiz, autor de una propuesta de dibujo titulada Dibujo errante. En ella el artista se convierte en una especie de voyeur, espía y observador callejero al dibujar sin que se den cuenta a otras personas, a las que al final sorprende regalándoles un dibujo compuesto en trazos rápidos, pero delicados y expresivos.

Ruiz propuso un taller con varios ejercicios en los que lo principal no era “saber” dibujar, sino entregarse sin miedo a las concepciones convencionales de lo que debe o no debe ser un dibujo. En los jardines del edificio, los asistentes hicieron ejercicios para soltar la mano y siguiendo premisas como la creación de un dibujo abstracto relacionado con una palabra o concepto, un retrato hecho sin mirar el papel y sin levantar el lápiz de la hoja, una mano hecha a partir de contornear la propia encima y luego observándola, y un retrato final que luego se coloreó a partir de una conversación con el otro retratado.

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