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Tatiana Pérez: de Moravia a dirigir grandes orquestas por el mundo

Tatiana se formó en la Red de Escuelas de Música de Medellín y ahora es directora del Coro del Estudio Polifónico que está por cumplir 60 años.

  • Para la temporada 2025-2026, Tatiana Pérez-Hernández fue nombrada Directora Becaria de la Orquesta Sinfónica de Baltimore. Foto Manuel Saldarriaga.
    Para la temporada 2025-2026, Tatiana Pérez-Hernández fue nombrada Directora Becaria de la Orquesta Sinfónica de Baltimore. Foto Manuel Saldarriaga.
Sara Kapkin

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hace 1 hora
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Tatiana Pérez Hernández dice que nació en una orquesta, y sí, porque está tocando desde que era una niña. Empezó en el colegio, primero con la flauta, después con violonchelo. Luego entró a la Red de Músicas de Medellín, el proyecto social de Alcaldía para la formación musical de niños, niñas y jóvenes, que este año está cumpliendo 30 años.

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Estudió un tiempo en la Universidad de Antioquia, luego pasó a Eafit, donde también hizo parte de la orquesta. Tiene dos maestrías, una en interpretación de violonchelo y otra en dirección orquestal.

Nunca soñó con ser músico, pero poco a poco se fue haciendo un camino que la llevó de Moravia a tocar con grandes orquestas a nivel mundial. Así se ha ganado un puesto entre los músicos más destacados de su generación.

Ganó el primer lugar en el concurso Mujeres Directoras de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y obtuvo una beca en el Carlos Miguel Prieto Conducting Fellowship en México. Fue semifinalistas en el Concurso La Maestra en París, y finalista en el Taller de Dirección de la New World Symphony en Miami y en el concurso Mujer Directora Asistente de la Orchestre de la Suisse Romande en Ginebra. Ha trabajado asistiendo a directores como Klaus Mäkela, Gustavo Dudamel y Andrés Orozco Estrada. Además, fue la primera directora residente de la Orquesta Filarmónica de Medellín.

Por esa destacada trayectoria, fue escogida por el maestro Alberto Correa para dirigir el Coro del Estudio Polifónico de Medellín, una institución que él mismo creó hace 60 años. Tatiana, que es también profesora de dirección musical en Bellas Artes y es Director becario de la Orquesta Sinfónica de Baltimore, tiene un papel fundamental en el futuro de la música sinfónica en la ciudad. EL COLOMBIANO habló con ella.

¿Cómo empezó su relación con la música?

“Yo siempre quise estudiar algo de música, me llamaba mucho la atención cuando era pequeñita, pero mi formación empezó cuando entré al colegio. Yo estudié en el Inem, que es el único colegio público que tiene bachillerato musical y ahí me enseñaron flauta dulce. Cuando escogí hacer el bachillerato musical escogí el violonchelo”.

¿Por qué?

“Porque me pusieron a escoger entre todos los instrumentos y yo quería el más grande y el violonchelo es un instrumento muy imponente.

En el colegio tenía unos compañeros que estaban en la Red de Escuelas de Música, entonces busqué y en mi barrio no había, porque yo vivía en Moravia, había era en Aranjuez y en Manrique las Nieves. Al principio lo intenté en Manrique, pero es que eso era una loma y yo me iba a pie, era tenaz, entonces me pasé para la escuela de Aranjuez”.

Ahí seguiste con el cello...

“Si, seguí tocando cello y empecé a viajar con la orquesta, porque el proceso en la Red es que tú entras en la escuela y estás en clases durante toda la semana, y los fines de semana se escogen como los más sobresalientes de las escuelas para hacer las orquestas integradas. Entonces el sábado y el domingo ensayábamos todo el día, a veces en el Inem otras en Oviedo...”

O sea que estás haciendo música sinfónica desde chiquita...

“Sí, exactamente. Yo nací en una orquesta”.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?

“Música sinfónica, jamás. En mi casa de hecho no hay músicos, pero mi mamá escuchaba mucho vallenato paisa, vallenato llorón, y salsa, porque mi papá es caleño, entonces mucha salsa romántica y lo que había en emisora, Radiotiempo todo el tiempo, obviamente”.

¿En qué momento la música se vuelve el sueño de tu vida? Eso a lo que te vas a dedicar...

“No, es que eso ni siquiera fue un sueño. Eso nunca estuvo contemplado, porque al uno venir de un barrio, del contexto del que yo venía, mis papás no tenían un plan académico para mí más allá del colegio. Mi papá era reciclador, y yo a veces trabajaba con él, pero nunca tuvimos esa conversación sobre lo que iba a estudiar. A las clases de música iba porque me gustaba mucho y porque siempre he sido una persona muy curiosa, me gustaba estudiar, aprender, entender y eso sí lo vieron mis papás desde que yo era pequeñita, entonces me daban libros y yo leía todo el día.

Cuando terminé el colegio estuve un año sin estudiar, quería entrar a música, pero era muy difícil, y vivir de la música era mucho más. Es que es muy complejo, para hacer una carrera en la música tienes que ser muy muy bueno, muy sobresaliente porque la competencia es alta, porque es muy costo, el instrumento, tener una buena educación, todo es muy costoso. Yo no tenía como pagar una universidad como Eafit y en la de Antioquia no había cupos... Entonces me metí a estudiar arreglo de computadores en el Cesde.

Y ahí justo entró un profesor nuevo a la de Antioquia y abrieron más cupos y y me presenté y ya pasé a cello, al preparatorio. Una cosa que resulta muy positiva, en medio de todo, es que como tú no tienes un plan académico con tus papás, ellos tampoco esperan mayor cosa, más allá de que tú aportes a la casa y que seas una buena persona.

En la Universidad de Antioquia hice algunos semestres del nivelatorio y empecé el pregrado, primer semestre. En ese momento en la orquesta Eafit se abre un puesto, porque uno de los chelistas se fue para la filarmónica. Yo no me quería presentar a la audición porque eso es para gente muy buena, pero mi amigo insistió y fuimos.

Y el día de la audición yo estaba como iluminada por los dioses, yo no sé, pero toqué brutal y me gané la audición, es decir, conseguí un trabajo, porque la Orquesta Sinfónica Eafit es una de las orquestas profesionales del país”.

¿Y cómo terminas estudiando en Eafit?

“En la audición estaba el profesor Javier Arias, que luego me llamó y me dijo que fuera a la universidad, que me quería conocer, y me dijo que le gustaba mucho mi trabajo, que quería que estudiara con él. Yo le dije que no tenía cómo, pero el movilizó todo para que me dieran una beca total.

Entonces me fui de la Antioquia, y me fui también de la casa, porque ese viaje, de Moravia hasta allá era muy largo y la rutina era muy pesada”.

¿Cómo eran esas jornadas?

“Un locura. De seis a ocho de la mañana era clase de inglés, luego de ocho a doce clases de la universidad, trabajo de doce a cuatro con la orquesta, de cuatro a nueve estudiaba, porque para poder uno medio rendir con el instrumento tienes que estudiar por lo menos seis, ocho horas al día, todos los días y así...”

La música nunca fue un sueño, sino una realidad...

“Sí, digamos que uno le hace propuestas a la vida, pero a veces la vida lo sorprende a uno y uno tampoco puede decir que no... Entonces hice el pregrado en la universidad y cuando terminé hice una maestría en violonchelo, y cuando terminé, como siempre me ha gustado mucho la dirección me metí a estudiar, de pura ñoña, de pura curiosidad intelectual. Yo no pensaba en ser directora, pero en 2022 abrieron una convocatoria en Filarmed, para director residente, y me presenté a ver qué y resulta que me la gané.

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Eso fue un drama, porque no podía tocar cello y ser directora al mismo tiempo, entonces di el salto y me quedé en la dirección. Ya después estuve como directora de las orquestas de la Red, en 2024 estuve en un concurso muy importante en París, La Maestra, y me fue muy bien, y de ahí la cosa se abrió muchísimo el panorama internacionalmente”.

¿Qué hace el director de una orquesta?

“Demasiadas cosas, pero resumiéndolo mucho podríamos decir que es la persona que se encarga de que los músicos avancen juntos. La dirección tiene unos esquemas que los músicos entienden que tienen que ver con tempo, o si tú diriges pequeñito, que es piano, pasito, o si lo haces más fuerte. Todo eso está escrito, el músico lo puede hacer solo, pero ahí viene otra cosa y es la perspectiva artística que propone el director. Yo siempre lo comparo con los filtros de Instagram, tu puedes usar uno u otro, y aunque la foto es siempre la misma, se ve distinta... Esa es una forma sencilla de decirlo, pero eso es apenas la punta del iceberg, porque en general lo que dirige es toda la cultura que esa persona tiene que tener.

Estar frente a una orquesta es como estar frente a un instrumento que respira, que siente, que te juzga y te mira, porque son personas, tú no estás tocando, es música prestada, los que están tocando son los otros y tienen sus propias ideas, sus propios conceptos musicales, artísticos, estéticos, entonces tú tienes que llegar allá con una idea muy convincente”.

Suena muy difícil...

“Cómo director tienes que entrar con el pecho abierto y con presencia. Tienes que entrar fuerte, segura de tu trabajo. Yo fui músico de orquesta muchos años, y los músicos son como sabuesos, en 10 segundos saben si el director se sabe la obra o no, si está nervioso, eso se siente en el aire. Además, la dirección, más allá de lo técnico, lo musical y lo estético tiene una gran parte psicológica y política... tienes que saber cómo hablarle a quién, de qué manera...”.

El Estudio polifónico está cumpliendo 60 años ¿Qué viene para este año?

“Hay muy pocas instituciones que han logrado sobrevivir continuamente tanto tiempo, porque sabemos que la voluntad política en cuanto a la cultura es muy itinerante, pero el coro en estos momentos es patrimonio de la ciudad, entonces eso asegura que siga viviendo.

El 29 de mayo tenemos el concierto oficial de celebración de aniversario en el Teatro Pablo Tobón. A lo largo del año vamos a tener varios conciertos más, nos vamos a unir también con la Orquesta de la Universidad de Antioquia para hacer otro concierto en octubre, hay otro con Comfama, también con Filarmed que es como nuestra hermana, aunque seamos dos instituciones diferentes.

Para mí es un honor estar al frente de una institución de este tipo. El maestro Alberto luchó durante muchos años por esto, hace 30 años que la música sinfónica aquí en Medellín empezó como a florecer un poco más con la creación de la red y hay muchas cosas, pero hace 60 años que había... Y él era un médico que dijo, bueno, a mí me gusta mucho la música y voy a ponerme a cantar con mis compañeros médicos. Y así nació, como un coro masculino y luego se volvió un coro mixto, y aquí seguimos, es una cosa impresionante lo que hizo”.

Esto hay que celebrarlo cada día...

“Sí, y a esa institución hay que cuidarla para que dure otros 60 años”.

Usted hace parte de una generación muy joven que ahora tiene estas grandes instituciones en sus manos, ¿por dónde querés que esto siga avanzando?

“Mira que el coro del estudio polifónico tiene una particularidad que a mí me enamoró mucho, porque no había trabajado nunca con este tipo de personas, y es que es un coro totalmente vocacional, es decir, las personas que cantan en el coro tienen todo tipo de profesiones. Hay estudiantes de música, pero también amas de casa, taxistas, abogados, ingenieros, en fin, eso es increíble porque es la verdadera democratización de este tipo de música.

Puede ver la entrevista completa a continuación:

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