Dicen quienes han estudiado la vida de José Eustasio Rivera que él pasó sus últimos años de vida tras los recursos financieros que le permitieran llevar al cine La vorágine, su obra literaria más importante. No lo logró. Sin embargo, su novela se convirtió en unos de los hitos literarios del siglo XX colombiano. Más allá de esto, el intento de Rivera de llevar su libro a la gran pantalla obedeció a su creencia que la historia del poeta Arturo Cova tenía los elementos necesarios para ser traducida con éxito al lenguaje audiovisual. Y no le faltó razón: en lugar de una, han sido dos las versiones de La vorágine que existen para la televisión.
Con siete capítulos, la primera se estrenó en 1990 y fue dirigida y escrita por Lisandro Duque. A su vez, con ocho capítulos, la segunda fue dirigida por Luis Alberto Restrepo y escrita por Miguel Ángel Baquero y se estrenará en junio en todos los canales regionales del país. Un anticipo de la serie se verá este 8 de abril en el Ficci de Cartagena.
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EL COLOMBIANO habló con Miguel Ángel Baquero, en cuya trayectoria profesional sobresalen los títulos de Un ángel llamado Azul, Merlina, Mujer divina y Chepe Fortuna.
Baquero contó que al recibir el encargo de escribir la adaptación ya la había leído años antes a La vorágine, pero que fue necesario sumergirse nuevamente en ella. Esta vez leyó una edición hecha con el apoyo de la Universidad Nacional de Colombia. El guionista subrayó que su trabajo no solo consistió en la adaptación del contenido, sino también en entender el “alma” de la historia, reconociendo que, a pesar de los cambios de época, los temas tratados siguen siendo relevantes hoy en día.
En términos audiovisuales, el escritor destacó varios elementos de la obra que se prestan para la adaptación visual. “El paisaje es uno de los elementos más cinematográficos de la obra. El Casanare, la selva amazónica, el Orinoco son escenarios visualmente poderosos que permiten crear imágenes impactantes”, afirmó. Asimismo, el guionista explicó cómo la narrativa de la novela, que maneja varios tiempos y una dimensión onírica y fantástica, enriqueció la serie con unas capas de sentido que harán de la serie una pieza atractiva para el público.
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Además, la serie pone especial énfasis en los personajes femeninos, lo que representa una de las apuestas narrativas de la adaptación. Según Baquero, la obra original habla sobre la maternidad y las mujeres de distintas maneras, y él quiso destacar estos aspectos, dándoles un primer plano en la historia. “Las mujeres juegan un papel crucial no solo en el desarrollo de la trama, sino en la creación de conflictos dentro del contexto de una sociedad profundamente machista”, explicó el guionista.
En cuanto al larguísimo debate de la fidelidad de una serie o película a la obra literaria que las inspiró, Baquero dijo que su objetivo fue honrar la visión de José Eustasio Rivera. Aseguró que, aunque se realizaron algunos ajustes para ajustarse al formato televisivo, la esencia de la obra se mantuvo intacta. “La serie sigue de cerca la narrativa del libro, e incluso muchos de los diálogos son los mismos. Si Rivera estuviera vivo, se sentiría orgulloso de cómo respetamos su obra”, dijo el escritor.
El proceso de adaptación de La vorágine también fue una experiencia desafiante para los actores y el equipo de producción, quienes trabajaron en escenarios naturales, enfrentando condiciones climáticas extremas en locaciones de la selva del Casanare. Baquero ponderó el esfuerzo y el compromiso de una nómina de actores que incluye a Juan Pablo Urrego, Marlon Moreno, Viviana Serna, Majida Issa, entre otros nombres usuales de la pantalla chica.
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El guionista dijo que el proyecto busca no solo hacer justicia a la obra literaria, sino también crear una serie que sea accesible y atractiva para una audiencia contemporánea. “En un mundo donde los televidentes pueden seguir historias complejas contadas en diferentes tiempos, esta serie busca ofrecer una experiencia visualmente rica y narrativamente intrigante”, dijo Baquero.
A fin de cuentas, La vorágine hace parte del patrimonio cultural colombiano. Su mensaje sobre las relaciones con la naturaleza y los otros conserva plena vigencia.