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Pórtese bien para que no se lo lleve el diablo en Riosucio: ya empieza el Carnaval

Empezó el Carnaval en el pueblo de Caldas, una de las fiestas más importantes del país, y a cuatro horas de Medellín. Conversación con el artista que hizo al diablo.

  • Esta es una de las réplicas que están en el Museo del Carnaval. Justo es el diablo que Diego Armando recuerda de niño.
    Esta es una de las réplicas que están en el Museo del Carnaval. Justo es el diablo que Diego Armando recuerda de niño.
  • Diego Armando es de Bonafont, un corregimiento de Riosucio, Caldas. En esta imagen está trabajando en el diablo, que es un secreto hasta el sábado de Carnaval en la noche. FOTO cortesía.
    Diego Armando es de Bonafont, un corregimiento de Riosucio, Caldas. En esta imagen está trabajando en el diablo, que es un secreto hasta el sábado de Carnaval en la noche. FOTO cortesía.
06 de enero de 2023
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Hasta al diablo del Carnaval de Riosucio lo atrapó el coronavirus, y tras cuatro años de ausencia, cuando la tradición es que regrese cada dos, por fin dejará el averno: el símbolo de esta fiesta que es Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación recorrerá las calles del pueblo para luego saludar y quedar en la plaza de La Candelaria: desde allí vigilará que todos se porten bien.

A Diego Armando Jurado Guapacha su abuelito lo llevó a conocer al diablo cuando tenía seis años: el rostro rojo, cachos dorados, la boca abierta como si estuviera hablando y los dos colmillos de jaguar se le quedaron en la cabeza (ver foto). Desde entonces empezó a dibujar diablos, solo diablos, y a soñar que un día él iba a darle forma a don Sata: este 2023, a los 32 años, es un hecho.

Empezó estudiando administración de empresas, y hacía tatuajes y dibujos para ayudarse económicamente, hasta que entendió que lo suyo era el arte: terminó como diseñador industrial, especialista en diseño automotriz. Trabajó mucho rato en autos, dada su pasión por ellos, y todo se mezcló con esa intención desde niño: la efigie que saldrá a las calles este sábado está construido, dice, como si fuera un carro.

La efigie es un secreto hasta ese día. Solo la pueden ver los miembros de la Junta del Carnaval. Durante la fiesta, quien manda en el pueblo no es el alcalde o los concejales, sino la Junta, porque en el Carnaval se burlan del sistema político. Por eso tienen su propia República, con presidenta, vicepresidenta, alcalde, canciller y otros coordinadores que son los ministros, todo un grupo de personas que trabajan durante dos años para hacerla posible.

Nadie más puede ver a don Sata hasta ese momento, pero hay detalles que no quitan la sorpresa: medirá seis metros con 80. Dice Diego que es el más alto hecho hasta ahora. También tiene un avance tecnológico en la producción y los materiales: muchas de las piezas fueron impresas en 3D, y son un referente, hasta ahora son las más grandes que se han impreso así en el país.

El satán riosuceño es la mezcla de tres culturas, la indígena, la negra y la blanca, que están en el origen del pueblo. El Carnaval es una suma de los símbolos y fiestas de las tres, y así mismo es Lucifer: Riosucio no se fundó, se trasladó, y confluyeron en el territorio estas tres culturas que no se la llevaban bien, pero que la fiesta sirvió para unirlas. El traslado lo hicieron dos sacerdotes, y en ese trabajo de conversión, por ejemplo, las divinidades indígenas se sincretizaron con las católicas: el jaguar del Culto al Sol se tradujo en el diablo, de ahí que el riosuceño tiene facciones de jaguar, así como los colmillos, y las alas de murciélago del demonio católico.

Luego están otros elementos fundamentales, y que le dan sus características, los cachos de toro de los negros y el calabazo con el guarapo del culto a la tierra de los indígenas. Además, el del Carnaval significa fraternidad y unión, es bonachón, sabio, amoroso y su mensaje es disfrutar la fiesta en paz. Se hace en la plaza hasta que se termina el jolgorio para cuidar que todo esté bien, porque al que se porte mal, a ese sí se lo lleva para el infierno.

Por supuesto que todos esos elementos están en su creación, explica Diego, más la gracia y la picardía que caracterizan a don Sata. Para él es como una figura paterna, majestuoso, un rey: tendrá corona y cetro. Sus rasgos, precisa, no son de maldad, sino picarescos, una sonrisa y una emoción inigualable. Es un concepto de unión, de fraternidad, de alegría, de fiesta y de imponencia, lo describe él: lloramos, reímos, apreciamos el buen arte.

Por si le interesa: El significado del diablo del Carnaval

Quería, además, hacer un homenaje a los artistas que han hecho a Lucifer, a la tradición y, aun así, adaptarlo a estos tiempos: el que saldrá este sábado es muy real, dice, humanizado. También con un mensaje que a él le interesa mucho: fue hecho en poco tiempo, solo dos meses y medio, y un presupuesto muy ajustado —el Carnaval está recuperando sus finanzas luego de momentos muy difíciles—, pero le puso toda la pasión. Más que el dinero, dice él, lo que le interesa es decirles a los riosuceños que el recurso no es el límite sino que lo importante es el impacto cultural que puede tener el Carnaval aquí y en muchas otras partes. Se trata, reitera, de llevar nuestra cultura al mundo. Y él lo sabe, porque diseñó la estampilla del Carnaval que ha viajado tan lejos: se pusieron en circulación 6.248 con 4-72.

No se salvó de los precios

Lo más difícil, por ahora, ha sido que hasta al diablo lo tocó la inflación: los materiales están caros y el transporte cuesta mucho. La efigie la construyó con cuatro personas más y tuvo un ayudante, su hijo de diez años. Trabajó en Bogotá, en Riosucio y en Medellín, a donde viajó este miércoles para que don Sata diera su viaje final al pueblo.

El hacedor del diablo de 2023 está contento: lo que más le gustó hacer es la cabeza y los cachos enormes, bueno, después hace un recorrido por los distintos elementos, todo le gustó y todo tiene mucho trabajo, hasta las uñas. Ha sido un proceso de muchas noches sin dormir. Espera que el futuro le traiga hacer más diablos, porque tiene el sueño de muchos riosuceños, que un día camine. Eso se puede, sabe que él puede hacerlo, solo que se necesita presupuesto.

Por ahora, su majestad regresará este sábado del averno para sumarse a una fiesta que tiene más de 170 años (contando cuando se llamaba Fiesta de Matachines). Los riosuceños especulan si será rojo, negro, qué tan grande tendrá los cachos, si volverán las bolas de toro que tenían ritual propio –tocarlas para conseguir pareja–.

Si quiere leer más: Cuando el diablo entró a Riosucio en 2013

Tiene mucho por decir, son cuatro años de silencio, así que de seguro llegará criticando a políticos y a corruptos, y debe estar muy preocupado por las calles del pueblo llenas de huecos y hasta un colegio sin terminar. Disfrutará luego del baile y las cuadrillas del domingo, la esencia del Carnaval, y se volverá a los infiernos el próximo miércoles, tras el entierro del calabazo, un desfile muy triste, la lectura del Testamento donde reparte hasta la cola, y su quema final, en donde le dicen adiós. Y entonces los riosuceños lloran: habrá que esperar dos años, si no se atraviesa otro coronavirus, para volverlo a encontrar, o hacer, como le pasó a Diego.

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