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Relacionarse con otros puede cambiar cómo habla. Así que si viaja a Argentina puede terminar sonando como un porteño. Eso tiene una razón, y no es extrafalaria.
Si se fue para España y terminó diciendo coche, vuestro y estáis, y volvió incluso a casa arrastrando las eses más de lo normal, no se preocupe: se le pegó el acento. Nada raro, y no es que esté siendo chicanero.
Diana Muñoz Builes, candidata a doctora en Lingüística de la Pontificia Universidad Católica de Chile, explica que cada vez que hablamos, a través de la voz se revelan una serie de características que nos identifican con determinado grupo de hablantes. Por eso, aunque no lo parezca, hay diferencias entre ese costeño de un cubano, de un boricua o de un barranquillero.
El acento es un tema heredado del lugar en el que se nace o se crece. “Sin embargo, va a tener modificaciones, leves o más profundas, dependiendo de las interacciones sociales...