En una de las salas del Museo de Antioquia se ilumina La Piedad (1977) del artista de San Roque, Gregorio Cuartas, “una de las obras más intensamente espirituales de la historia del arte colombiano”, dice el crítico de arte Carlos Arturo Fernández. Es la imagen del dolor de una madre (la Virgen María) ante el sacrificio de su hijo.
El Museo de Antioquia decidió hacer un homenaje a las mujeres, apagó las luces y solo está iluminando 130 obras con presencia de mujeres: 31 son hechas por artistas femeninas y 70 por hombres que las representaron. Las demás, 29, son en su mayoría del periodo colonial y anónimas. Las demás, 958, estarán bajo la sombra. Entre instalaciones, videos, fotografías, pinturas y esculturas, el Museo exhibe 1.088 piezas. Las luces se apagaron desde el viernes 6 de marzo y continuarán así hasta este domingo en la tarde.
No es la primera vez. Desde hace unos años esta institución ha realizado acciones para reivindicar a la mujer. Las exposiciones Máquinas de vida (2013) y 89 noches (2017) o proyectos como MDE15 y Las Guerreras del Centro, en la que la artista Nadia Granadas hizo un exitoso montaje teatral con las trabajadoras sexuales de Calibío, son otros ejemplos. “Desde hace años ha tenido acciones reinvindicativas por la mujer como sus exposición Cámaras de Vida, que se ha complementado con Residencias Cundinamarca”, explica María del Rosario Escobar, directora del museo. Se refiere al proyecto de la artista Gabriella Pinilla, quien realizó un mural sobre la fotógrafa Giovanna Pezzoti y el grupo de sacerdotes y religiosas del movimiento de la Teología de la liberación, a finales de la década del 70.
Arquetipo
María del Rosario tiene claro que el trabajo de las mujeres en el arte ha estado relegado. “La mayoría de los museos tienen sus representaciones para la contemplación y el deseo del hombre”. Aclara que en las nuevas adquisiciones y renovaciones de los guiones museográficos ha habido más participación femenina. Es el caso de la recién renovada Sala Decolonial, que revisa cómo los imaginarios de este periodo formaron la visión actual sobre el cuerpo y las relaciones sociales. Así ocurre con varios componentes de esta exhibición, que revisan la figura de María como arquetipo de la mujer en Occidente (sumisa, casta, supeditada a la voluntad del hombre, obediente, pero sin decidir), y el modelo de familia.
Contexto
La deuda de los museos en el mundo con las mujeres es notable y se está hablando abiertamente de ello. Un informe de enero del Museo Nacional del Prado (España) reveló que de las 7.947 obras que conforman la colección en exhibición, solo 52 piezas fueron hechas por mujeres, el resto por hombres y anónimos.
Sin ir muy lejos, la colección completa del Museo de Antioquia (incluyendo la que está en bodega) está compuesta por unos 6.000 objetos históricos, arqueológicos y artísticos, de los cuales 98 son de mujeres y 490 hombres. Esto indicaría que de los 588 autores, el 16,6 % son obra de creadoras. El Museo de Arte Moderno de Medellín (Mamm) suma cerca de 2.400 piezas en su colección, de las cuales el 30 % son de ellas y las demás de hombres o colectivos.
Emiliano Valdés, curador del esta institución, explica que la razón por la que es un fenómeno global es porque los hombres han gozado de más visibilidad en la historia: “Hoy es más fácil para una institución cultural programar una exposición de un artista masculino que de una mujer. Para que eso cambie hay que tener la intención explícita de hacer un esfuerzo extra”, dice. El comisario habla de una inercia histórica patriarcal: los hombres han tenido a lo largo de los años más oportunidades, acceso a estudio y, en el caso del arte, divulgación: “Esta inercia, desafortunadamente, no ha cambiado”.
Esas tendencias, sigue el analista, han sido aceptadas a pesar de que las cosas se han modificado estos días. Así que “como museos debemos hacer todo lo necesario para que la programación y la colección sea más diversa y equitativa”, puntualiza. Adaptarse a las peticiones de la época.
No quiere decir que de la noche a la mañana las pinacotecas puedan empezar a ser otras y borrar de un brochazo su pasado. Es un recorrido que ya inició, como la propuesta del Museo de Antioquia de iluminarlas solo a ellas.
Ahora bien, para lograr un punto de equilibrio y balancear los pesos, enfatiza el curador guatemalteco Emiliano Valdés, pueden pasar bastantes años. “De alguna manera todavía estamos sintiendo los efectos y las consecuencias de una sociedad patriarcal”. .