El dúo de electrónica anunció su despedida sin mayores explicaciones después de 28 años de carrera. Queda su música, que no necesitó de rostros ni entrevistas.
En un amplio terreno en Indio, California, Daft Punk se paraba, por primera vez, sobre una inmensa pirámide desde donde comandaría una de las fiestas memorables en la historia del festival de Coachella.
Ese montaje elaborado pesaba 15 toneladas y estaba pensado para sincronizar su música con un imponente espectáculo visual que abrió la primera fecha de la gira Alive 2006/2007.
Era 2006 y todavía faltaban 12 años para que Beyoncé ofreciera otra imponente presentación en ese mismo Festival. En 2018 sería ella quien incluiría otra especie diferente de pirámide, una compuesta por más de 200 músicos y bailarines en escena. En ese entonces, solo eran dos personas: Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter, quienes en 1992 arrancaron con un proyecto que se llamó Darlin’, junto al guitarrista Laurent Brancowitz, quien después entraría a hacer parte de Phoenix.
En 1993 murió Darlin’ y nació Daft Punk, agrupación insignia del french touch, estilo que venía del house. De estos inquietos por la música surgió el sello Roulé que aportó a una identidad sonora mediada por samples (pedazos de otras canciones), que antes eran muy usados en el hip hop, pero ahora lo eran en la electrónica. Ponían un pie en el pasado y otro en el futuro.
“Es claro que son un par de personajes que tienen una visión amplia de la música. No solo se dejaban influenciar por cosas del movimiento en el que estaban sino que iban un poco más allá y eso es importante en lo creativo, no solo quedarse con una referencia”, opina Alejandro Bernal, músico y compositor de Mr. Bleat, Danta y Goli.
El proyecto culminó después de 28 años de trabajo. El grupo divulgó su separación con un video que llamó Epilogue, esta semana.
Robots humanos
Al arrancar su set en Coachella solo se escuchaban dos palabras intercaladas: “Robot”, “human”, “robot”, “human”.
Bajo la identidad de dos “robots humanos”, allí estaba el dúo francés frente a una audiencia de miles de personas, haciendo una breve presentación de ese concepto tan suyo: el de un par de hombres máquina detrás de cascos brillantes.
Robot Rock/Oh Yeah dio inicio a ese concierto que mezclaría ya 13 años de experticia de ese par de músicos que poco daban entrevistas y que preferían dedicarse a lo suyo: hacer música.
Para entonces no habían hecho una gira desde hacía 10 años, cuando en 1997 se embarcaron en una mundial llamada Daftendirekt, posterior al lanzamiento de su primer álbum: Homework (1997). En ese disco, opina Bernal, “la clave era mostrar una nueva forma de utilizar las herramientas del estudio: los sintetizadores, los samplers y los compresores, para hacer música electrónica de baile. Desde ahí estaban haciendo una cosa muy potente que tenía una cualidad sonora muy única” y “básicamente inventaron un género aparte”, añade el artista Federico Goes.
Para cuando llegaron a Coachella, ya habían hecho camino con dos discos más, Discovery (2001) y Human After All (2005). “En Discovery uno empieza a encontrar unas canciones un poco más pop. Ahí ya muestran que tienen la capacidad de hacer mucha música, no solamente unos beats con grooves increíbles, sino hacer canciones que empezaron a tener influencias de un montón de cosas y otros músicos”.
En una entrevista inédita que publicó esta semana la revista Variety, y que data de agosto de 2007, cuando ya habían transcurrido varios meses de su gira Alive 2006/2007, Bangalter destacó: “Tenemos una imagen muy precisa de la evolución de los tres álbumes que hicimos (Homework, Discovery y Human After All), a pesar de la respuesta moderada que tuvimos de ese último”.
Se habían dado cuenta de que la respuesta a esas mismas canciones, en vivo, eran mucho más fuertes y que era importante “intentar expresar esa especie de triángulo que existe entre los tres discos”.
Funk y homenajes
Luego vendría Random Access Memories (2013) que los llevó a un recorrido sonoro inspirado en el funk y en rendirle homenaje a figuras tan importantes e influenciales para ellos tanto en la escena de la electrónica como Giorgio Moroder y en el disco, como sucedió con Chic y Nile Rodgers. El álbum les mereció cinco premios Grammy, a los que asistieron sin pronunciar palabra.
¿Cómo se mantuvieron tan relevantes durante casi 30 años si desaparecían del radar durante periodos largos de tiempo? Federico Goes le adjudica a ese mismo silencio un parte del éxito del grupo. La anticipación hacía que todo el tiempo la gente estuviera pendiente de ellos. Además, “son unos robots que desde un principio tenían muy claro lo que querían hacer y lo siguieron haciendo. Parte de la magia era esa, que no sacaban muchas cosas” y luego sorprendían con una nueva perspectiva de futuro, con pies en el pasado.
La noticia ahora es que hay que escucharlos, justamente, en ese pasado