No para contar la historia, sino para revivir la ruptura que supuso el nadaísmo, se propuso el libro La Rebelión de la nada. Historias del nadaísmo en Colombia, una obra colectiva que reúne distintas voces alrededor de uno de los movimientos culturales y literarios más irreverentes del país.
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Entre ensayos y crónicas de escritores, académicos y periodistas, el libro recorre las ideas, tensiones, búsquedas y contradicciones del movimiento fundado por Gonzalo Arango, que transformó la manera de entender la poesía, la rebeldía y la cultura en el país.
Hay textos de más de una decena de autores, entre otros, de Alejandro Palma Castro, Memo Ánjel, Reinaldo Spitaletta, Darío Ruiz Gómez, Juan Diego Parra, Manuel Cortés Castañeda, Paula Andrea Pérez Reyes, Mauricio Montoya, Silvia María Ramos, Juan Fernando Uribe y Armando Romero.
A continuación presentamos una entrevista de Juan Manuel Zuluaga Robledo y Juan Andrés Alzate Peláez con Armando Romero, a quién Gonzálo Arango señaló como su sucesor en el movimiento. Aquí se indaga en lo que significa el nadaísmo más de sesenta años después de su irrupción, algunas tensiones dentro del movimiento y, por supuesto, la figura de su fundador.
Juan Manuel Zapata (JMZ): ¿Qué es el nadaísmo más de sesenta años después de su irrupción? ¿Cómo se puede entender hoy?
“El nadaísmo nunca tuvo una definición precisa, porque cualquier definición que se daba servía para definirlo. Por ejemplo, yo podría decir ‘el nadaísmo es una piedra que yo pateo con el pie izquierdo’, y eso es el nadaísmo. Podría ser una ‘revolución sin patas’, como lo dije una vez y en algunos textos. Y también eso funcionaba. La verdad es que hay muchas definiciones. Ahora, en cuanto a la presencia del nadaísmo hoy en día, hay varias posibilidades de responder. Una es la insistencia valiente de Jotamario Arbeláez de conservar el nombre del nadaísmo durante tantos años activamente, contra viento y marea, como diríamos. No tanto los otros. Ha sido más bien una lucha maravillosa y encomiable de Jotamario para mantener vivo el espíritu nadaísta. Ahora bien, eso en cuanto a mantenerlo en vivo. En cuanto a la presencia del nadaísmo, y no hablando con respecto a mí personalmente, sino en general, yo no creo que la situación de Colombia haya cambiado tanto como para que la premisa del nadaísmo, es decir, la intención de una revolución que recomendaba el desorden y en cierta manera el caos, haya cambiado. De manera que el nadaísmo continúa existiendo”.
Juan Andrés Alzate (JAA): ¿Cómo fue su relación con Gonzalo Arango? ¿Cómo considera que ha envejecido la obra poética y las crónicas de ese autor?
“Bueno, yo no me atrevería a juzgar de envejecimiento la obra poética ni crítica ni de ensayos de Gonzalo, por la sencilla razón de que en la literatura, a mi juicio, el tiempo funciona de una manera diferente de cómo funciona para los ejecutivos de las corporaciones de petróleo. El tiempo en la literatura funciona de tal de la manera que Homero, por ejemplo, es más contemporáneo que muchos de los escritores que hoy en día pregonan a gritos que ellos son la escritura moderna. Es decir, Homero es un poeta más contemporáneo de lo que podría ser Ernesto Cardenal o Mario Benedetti. Entonces, en cuanto a eso, yo creo que esa sería, digamos, una manera de ver esa situación”.
JMZ: ¿Y su relación con Gonzalo Arango? ¿Cómo fue?
“Mi relación con Gonzalo fue bastante buena hasta que no fue buena. Hay que considerar que yo era un provinciano de Cali y Gonzalo ya para el momento en que yo me acerco al nadaísmo, él ya estaba viviendo en Bogotá. Gonzalo va allí hacia el comienzo de la década del sesenta y es más o menos cuando yo me quise acercar a los nadaístas. Yo viajé muy pocas veces a Bogotá. Más bien nuestros encuentros fueron en Cali. Gonzalo era una gran persona, un gran ser humano y más allá de lo que podrían odiar los escritores como García Márquez, por ejemplo, que lo odiaban mucho. Gonzalo era un ser muy cariñoso, un ser muy amplio, muy generoso, a diferencia de García Márquez, que a mí me parece que no fue un hombre muy generoso. Cuando nos reuníamos en Cali, teníamos charlas muy íntimas, y a él le gustaba eso.
Me llamaba «Armandito», tenía un nombre cariñoso para mí, muy cariñoso, y siempre estaba atento a lo que yo le podía decir. Mi relación con él se puso muy fuerte, se hizo mucho más profunda después de que yo, bastante joven, en el año 67, salí para viajar por Suramérica y recorrí gran parte de la región durante un año. Gonzalo se impresionó mucho por eso y tengo una correspondencia con él en la cual lo afirma. Mi relación entonces con Gonzalo se hizo muy fuerte: yo lo vi en Bogotá porque fui a vivir unos meses, y lo vi a menudo. Pero coincidió con el hecho de que él escribió una crónica sobre Carlos Lleras Restrepo, un presidente que yo odiaba y que muchos odiábamos por su persecución al mundo intelectual. Había tratado de expulsar a Marta Traba, una mujer que nosotros admirábamos, yo particularmente, porque había sido profesora mía durante un curso que dictó en Cali. Fue profesora de arte y se convirtió en una persona que yo quería mucho. Y Carlos Lleras Restrepo trató de sacarla del país, de deportarla, en un arranque de furia de un hombre muy orgulloso, muy prepotente. Gonzalo lo defendió y lo puso como el «poeta de la acción», y yo eso sí ya definitivamente no pude comérmelo. Después hizo un discurso en el buque Gloria de la marina colombiana. Todo eso para mí fue realmente veneno espiritual y yo en ese momento estaba sintiéndome muy aislado del movimiento nadaísta. Nunca entendí en aquel entonces cuáles eran las razones de Gonzalo.
Por supuesto que había razones, la historia ya después se descubrió muy bien. Razones que eran muy sentimentales, por cierto. Y entonces la situación de mi relación con él se puso un poco amarga. Se puso peor todavía en una de esas reuniones en el Café Continental de Bogotá. Ustedes deben recordar que hay una diferencia de bastantes años entre Gonzalo y yo. Gonzalo tendría noventa y tres años, más o menos. Entonces, es decir, era una persona trece o catorce años mayor que yo. Yo me había hecho en la provincia y uno allí crece un poco más lentamente que en las grandes ciudades, porque no tiene acceso a mucha cultura y a muchas cosas. Nosotros caminábamos con un paso lento. Entonces el problema se extendió cuando Gonzalo me llamó y me dijo que tenía una proposición para mí que consistía en que yo me encargara de hacer una revolución contra él, una especie de golpe de estado contra él”.
JMZ: ¿Cómo? ¿Él te propuso eso?
“Sí, él me propuso que yo hiciera una revolución”.
JMZ: ¿Y por qué te propuso eso? ¿En qué contexto?
“Porque él quería que la gente joven tomara fuerza dentro del nadaísmo y yo creo que él quería, para ese entonces, desprenderse del movimiento. No sé lo que pasaba realmente en la profundidad con Gonzalo, pero yo tengo más o menos esas razones. Él quería que la gente joven entrara, precisamente porque el grupo de Cali había tomado mucha fuerza, especialmente Jotamario y Elmo Valencia. Yo menos. También hay que considerar que había otro escritor del nadaísmo allí, pues lo hemos olvidado porque su obra se perdió, que era Alfredo Sánchez, que fue el director del suplemento literario Esquirla, que fue muy importante dentro del periodo final de la década del cincuenta hasta mediados del sesenta en Cali. Entonces, Elmo Valencia era una especie de ser que ahuyentaba a la gente joven. Él quería que el nadaísmo fuera solamente él y los que él escogiera. Entonces, por eso en el nadaísmo no hay mucha gente joven, exceptuando el hermano de Jotamario, Jan Arb, que participaba muy discretamente. Él y yo éramos de los más jóvenes. Había otro poeta que se llamaba Germán Cruz (Tadeo), que muy pronto también se retiró y se fue para los Estados Unidos. De manera que otros poetas que hubieran podido participar dentro del nadaísmo lo hicieron muy esporádicamente, como Elkin Restrepo, que era más bien Gonzalo queriendo traerlos al nadaísmo, o David Bonells, por ejemplo, o Miguel Méndez Camacho. Pero Gonzalo me propuso eso”.
JMZ: ¿En qué momento fue eso? ¿Qué fecha?
“Eso fue más o menos hacia el año 69, porque yo regresé a Colombia en el 68 y estuve viviendo en Bogotá, parte del 69. Entonces Gonzalo me propuso eso y yo, entonces como tenía esa rabia con Gonzalo por la cuestión del buque Gloria y su relación con Carlos Lleras Restrepo, entonces le contesté muy insolentemente; cosa que después, por supuesto, me dolió mucho cuando murió, porque no debí hacerlo de esa manera”.
JMZ: Después de eso, la relación con Gonzalo hasta su fallecimiento, ¿cómo fue?
“La relación con Gonzalo se terminó allí, a partir de la vez que le respondí con esa arrogancia. A la vez yo me decía, ¿cómo es posible que Gonzalo me pueda proponer a mí eso? ¿Cuál es el nadaísmo que quiere? ¿Cómo voy a ser yo jefe de Jotamario, de Jaime Jaramillo, y de toda esta gente, que son todos mayores que yo?
JMZ: ¿Por qué piensas que la situación dio para eso? ¿Por qué piensas que él te escogió?
“Él me escogió porque yo había salido, había demostrado gran valentía en salir a recorrer América Latina y, además, a él le gustaba mucho lo que yo estaba escribiendo, y por supuesto lo había incluido en las antologías que hizo. Entonces yo le dije, antes de que se volviera un poco fuerte la charla: ‘¿Pero cómo voy a hacer yo para dar un golpe de estado? Eso es absolutamente un golpe contra ti, es absolutamente idiota’. Entonces, me dijo: ‘No, no hay ningún problema, yo lo organizo, yo hago todo el golpe de estado, yo te ayudo’. Visto desde ahora, yo debería haberme muerto de la risa y haber celebrado con algún trago, alguna cosa con él, porque era muy divertido. Él mismo se iba a hacer el golpe de estado, era un autogolpe de estado, pero me iba a utilizar a mí en el proceso. Visto desde ahora, hubiera sido muy peligroso para mí, porque me habría ganado enemigos que no quiero para nada, y habría sido muy doloroso. Entonces, mi respuesta en ese momento fue que yo no participaba. Luego me fui del país”.
JAA: Usted estaba diciendo que por allá en los años sesenta era un muchacho de dieciséis o diecisiete años. ¿Qué se conserva de ese joven nadaísta de los años sesenta hoy?
“Mucho, la verdad. Yo empiezo a publicar con el movimiento nadaísta en esa época en Esquirla. Y lo primero que publico es un diario que yo escribí. El diario en ciertas partes era bastante fuerte, pero yo quería escandalizar —por supuesto todo muchacho quiere escandalizar— y muchas de las cosas que yo escribí allí no eran realmente publicables. Entonces, hubo una gran discusión dentro del movimiento nadaísta de si se podía publicar eso o no. Algunos decían que sí se podía publicar. Alfredo Sánchez, que era el director de Esquirla, es decir del suplemento literario del periódico El Crisol, decía que el periódico El Crisol no lo iba a soportar, no iba a querer publicar eso porque se pasaba de tono. Entonces hubo una discusión y terminamos cortando alguna parte. Hoy, viendo las cosas, digo que fue una suerte porque eso no era para nada bueno. Eran simplemente ganas del muchacho joven de patear mucho. Ese texto yo lo tengo todavía y lo descubrí en unos viejos papeles y aquí está. Leyéndolo ahora me doy cuenta de que las cosas que he estado escribiendo toda mi vida están ya allí. En ese texto están los gérmenes de lo que voy a escribir toda mi vida. Después me lo señalaba mi esposa el otro día, me decía: «Pero lo mismo que escribías cuando tenías dieciséis años lo escribes ahora que ya tienes un montón». Sigo siendo la persona tímida, aventurera, viajera, etcétera, de manera que mi juventud es algo que yo recuerdo con mucho afecto”.
JMZ: Algunos críticos piensan que el nadaísmo perdió su esencia porque aseguran que se desdibujó cuando algunos de sus integrantes fueron absorbidos por la dinámica del Frente Nacional. ¿Qué piensa sobre esto?
“En cierta manera es verdad y no es verdad. Es un hecho que lo de Gonzalo Arango y el Buque Gloria se interpretó de una manera porque no había otra. La historia dice que había otra manera, pero eso no se conocía. También está la relación a posteriori que establecieron Jotamario y Elmo Valencia con el movimiento de Rojas Pinilla. Ellos publicaron un libro que se llama El libro rojo de Rojas, cosa que indudablemente conlleva una visión poco crítica de la posición primaria del nadaísmo. Pero por otro lado no hay una entrega total al Frente Nacional, que empieza con Lleras Restrepo y con Guillermo León Valencia en los años de beligerancia del nadaísmo; de manera que las personas que están allí enfrentadas al Frente Nacional son la izquierda que empieza a ser beligerante, guerrillera. Entonces, el nadaísmo no era una búsqueda política definitiva contra un gobierno señalado, no había una dirección política; era más bien una incitación a establecer el desorden y crear una especie de caos que permitiera una reflexión sobre la situación de Colombia. Eso a mí me parecía bastante atractivo cuando era joven y que me sigue pareciendo bastante importante dentro del nadaísmo. No hay una relación del nadaísmo con el Frente Nacional. Sí hubo una relación muy a posteriori, ya en la década de los ochenta, con Belisario Betancur, después de la muerte de Gonzalo”.