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Cultura | PUBLICADO EL 18 enero 2022

Indira Cato, uno de los secretos de la vida oculta de Gabo

  • La foto de la derecha fue la que llegó a la redacción de EL COLOMBIANO. La fuente hizo parte del grupo de amigos del Nobel. FOTOS CORTESÍA.
    La foto de la derecha fue la que llegó a la redacción de EL COLOMBIANO. La fuente hizo parte del grupo de amigos del Nobel. FOTOS CORTESÍA.
  • Indira Cato, uno de los secretos de la vida oculta de Gabo
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    La foto de la derecha fue la que llegó a la redacción de EL COLOMBIANO. La fuente hizo parte del grupo de amigos del Nobel. FOTOS CORTESÍA.
  • Indira Cato, uno de los secretos de la vida oculta de Gabo
Ángel Castaño Guzmán

Gabriel García Márquez tuvo una hija por fuera del matrimonio con Mercedes Barcha, contó este domingo en un artículo el periodista Gustavo Tatis. Indira es el fruto de un romance otoñal entre el Nobel colombiano y la cineasta mexicana Susana Cato. El vínculo amoroso comenzó en San Antonio de los Baños –Cuba–, donde funciona la escuela de cine fundada por García Márquez. El secreto lo guardaron sus familiares y amigos cercanos, y no se ha revelado más porque Gabo decidió que era un tema de su vida oculta.

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En las primeras páginas de Vivir para contarla se narra el viaje del entonces joven periodista —prófugo de las aulas de Derecho— con su madre a vender la casa de los abuelos en Aracataca. A la sazón, García Márquez mal vivía de las notas publicadas en El Heraldo y devoraba con fervor las novelas de William Faulkner y Ernest Hemingway, prestadas por sus amigos, en especial por Álvaro Cepeda.

El recorrido por el Magdalena, entre barcos de rueda y trenes, en la Colombia posterior al bogotazo, registra el diálogo lleno de silencios y ráfagas de sinceridad sobre el destino del primogénito del telegrafista y la hija del coronel. El lector asiste al momento en el que García Márquez decide cortar los puentes con un futuro alejado de la escritura y el periodismo. En medio de todo, hay un gesto casi imperceptible pero de profunda trascendencia para entender la psicología del autor: el primer personaje en aparecer con nombre propio en el relato autobiográfico es el abuelo, el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, una especie de insurgente desmovilizado de la Guerra de los Mil Días. Interesa lo dicho y lo callado: para García Márquez la figura central de la niñez es la del coronel, la de Papalelo, inspirador del protagonista de El Coronel no tiene quien le escriba y de José Arcadio Buendía.

Ni el padre de sangre ni la madre compiten en importancia para Gabo con el coronel Nicolás. El telegrafista aparece poco en Vivir para contarla y cada vez que sale a escena su figura está delineada con el pincel de la distancia afectiva: es despótico, casi siempre está fuera de casa y es el responsable de la pobreza familiar.

Un dato no menor: casi todos los autores del Boom latinoamericano —del que García Márquez fue representante— tuvieron relaciones problemáticas con sus progenitores. El de Juan Rulfo fue asesinado por la espalda cuando apenas tenía seis años. Mario Vargas Llosa no guarda cariño por el hombre que huyó a su nacimiento y regresó en su pubertad a imponer un régimen de hierro.

En los recuerdos de García Márquez y en la biografía de Gerald Martín la silueta de Gabriel Eligio García no sale bien parada. Todo esto se recuerda con la bomba noticiosa soltada por Tatis Guerra respecto a la hija oculta de Gabo.

En varias entrevistas Gabriel García Márquez afirmó que la vida de las personas está compartimentada en tres escenarios: lo público, lo privado, lo secreto. Al primero tienen acceso los ojos de todos. Por su parte, el segundo está reservado para los cercanos —familiares y amigos—: allí las máscaras son mínimas, pequeñas. Y por último, en el escenario secreto ni dios tiene cabida. Con la publicación de la columna Una hija, el secreto mejor guardado de Gabriel García Márquez, la existencia oculta del autor de Cien años de soledad saltó a los titulares de la prensa de habla hispana. En un santiamén el nombre de Indira Cato alcanzó la popularidad máxima de consultas en el buscador de Google. Los amigos del Nobel tratan ciertos temas de su biografía con el cuidado de la policía antiexplosivos. Tratamiento de relojero han recibido las estancias de García Márquez en París —cuando era feliz, indocumentado y un muerto de hambre— y los supuestos secretos que de él conserva la policía secreta del régimen cubano y el FBI.

Entre 1956 y 1957, García Márquez vivió en una buhardilla en París, a la espera del cheque salvador enviado por El Espectador. Las cosas estuvieron lejos de estar signadas por el romanticismo vinculado con la Ciudad Luz: el de por sí delgado reportero sobrevivió con una dieta de huevos hervidos y panes viejos. Mientras tecleaba sin pausa el manuscrito de “El coronel no tiene quien le escriba” se enamoró de la actriz española Tachia Quintana, la primera mujer que compartió con él el lecho y las cuentas de las minucias diarias.

El lazo fue el de los náufragos: pasaban con frecuencia de la ternura de los adolescentes a las tempestades de los matrimonios mal avenidos. Pronto, Quintana quedó en embarazo. Sin embargo, la ruda pobreza —ella encinta debió dedicarse a trabajos de aseo en casas ajenas— los llevó a tomar el camino del aborto. Para algunos críticos —entre ellos el biógrafo Gerald Martín— el cuento El rastro de tu sangre en la nieve es una elegante alusión a la hemorragia de Tachia.

Al husmear en el lado b de García Márquez su vida se vuelve una trama a la manera de Graham Greene, de John le Carré. El asunto del espionaje de la policía castrista lo menciona el periodista Arcadi Espada en un artículo en ElMalpensante. Espada comenta el inédito del escritor cubano Norberto Fuentes: existirían cintas y videos de las fiestas de García Márquez en la isla. Una alusión de Fernando Vallejo en Cursillo de orientación ideológica para García Márquez confirmaría la realidad de los registros. Hasta ahora esto levita en el limbo de las especulaciones. Por el contrario, sí hay certeza del seguimiento del FBI. La orden de rastreo la firmó en 1961 el mítico director del organismo Edgar. J. Hoover y estuvo vigente durante décadas. La pertenencia de García Márquez a Prensa Latina, agencia periodística vinculada con los Castro, fue el motivo del espionaje.

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Dasso Saldivar esquivó una entrevista al indicar que ahora la palabra la tienen Cato y los García Barcha. Al parecer, las indicaciones de los tres han sido no dar detalles. Indira conserva el apellido materno. No obstante, recibió la ayuda económica de su padre: una casa y un vehículo. Mientras se conocen detalles de la historia de boca de los protagonistas, lo aconsejado es pisar con calma en el resbaladizo terreno de la intimidad del escritor más importante de la historia colombiana.

Contexto de la Noticia

radiografía HISTORIA DE UNA FOTOgrafía

Apenas estalló la noticia de la paternidad oculta de Gabriel García Márquez llegó a EL COLOMBIANO una fotografía: el Nobel –sonrisa grande, cabellos con los primeros rastros de madurez– sostiene a un bebé. La imagen traía un comentario tremendo: se trata de Indira en brazos de su padre. La filtración fue tomada en cuenta porque quien la pasó hizo parte del círculo de amigos de la familia García Barcha y, además, porque según la información ofrecida por Gustavo Tatis Guerra y luego confirmada con Guillermo Ángulo –el amigo de Gabo desde los años de París–, la edad de Indira –30, 32– haría que García Márquez al momento de ser padre por tercera vez rozara los sesenta años. La edad de la fotografía.

Ángel Castaño Guzmán

Periodista, Magíster en Estudios Literarios. Lector, caminante. Hincha del Deportes Quindío.

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