La Medellín de los ochenta y noventa del siglo pasado ha sido narrada en numerosas ocasiones. Tanto es así que se creó la categoría de sicaresca para reunir a los libros que cuentan la violencia asociada al narcotráfico que hizo de la capital de Antioquia una de las ciudades más peligrosas del mundo. Como se puede intuir a partir del término, hasta el momento los relatos literarios y cinematográficos que se han contado están protagonizados por los sicarios y los mafiosos. Consciente de ello, el escritor y editor Marcel René Gutiérrez quiso darle un giro de tuerca al asunto en su novela El cuaderno de Nacho.
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Gutiérrez, que trabaja en la Editorial Eafit, había publicado anteriormente dos libros de cuentos: La abuela televisor y otros extravíos (2004) y Pequeña colección de ausencias, obra que obtuvo una beca de la Alcaldía de Medellín en 2009 y fue publicada al año siguiente. Entre ese segundo libro y la aparición de la novela transcurrieron cerca de 14 años.
La historia de El cuaderno de Nacho comenzó a gestarse mucho antes de su publicación. Según le explicó el autor a EL COLOMBIANO, la idea surgió hace aproximadamente dos décadas, cuando participaba en un taller de escritura. Durante una de las sesiones, un participante mencionó la muerte de un compañero de colegio y el director del taller le sugirió narrar esa historia. Ese comentario, recordó Gutiérrez, quedó resonando y se convirtió en el punto de partida del proyecto.
La novela gira en torno a un grupo de estudiantes que cursan los últimos años del colegio. El relato se centra en tres de ellos, cuya vida cotidiana se ve atravesada por el contexto de violencia urbana que vivió la ciudad en esa época. Uno de los personajes muere y el cuaderno que deja se convierte en un elemento que detona la memoria de quienes lo conocieron.
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