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Son más de 40 años como médico, en los que además de sus conocimientos pone el corazón, palia los dolores físicos y emocionales. Todo un ejemplo.
Detrás de esa imagen bonachona, de bata blanca y estetoscopio hay más que un especialista en dolor, hay un médico humano -de esos que hoy escasean-, cercano, amoroso, él tiene magia.
Tiberio Arbeláez es anestesiólogo... y mago. Una mezcla que alivia a sus pacientes. Esos que llegan con cáncer, en cualquier etapa de la enfermedad.
Sus consultas comienzan con una sonrisa, una mirada a la cara, una llamada por el nombre propio, “uso mucho el tacto, el contacto, eso lo capta el paciente, más el ambiente, la música de fondo que cuando viene el silencio, el llanto se engrandece y produce una sensación interesante. Todo empieza con el deseo de ayudar. Héctor Abad Gómez, mi profesor, me enseñó -y lo sigo practicando- que la medicina es ciencia, arte...