Se tomó esa pastilla y se sintió mejor. Le habían dicho que era muy efectiva y usted lo creyó. El punto es que esa píldora que se tomó no era más que un pedazo de azúcar. Todo lo hizo su cerebro, sin ayudas extras. Le dicen el efecto placebo (ver glosario) y por años algunos se lo achacaron a los medicamentos contra la depresión.
Así fue hasta este lunes, cuando una investigación –la más grande hecha hasta ahora– concluyó que los antidepresivos son más efectivos que el placebo. Unos más que otros, eso sí. Y esta es una respuesta contundente a la controversia que por años alegaba que su efectividad era la misma que la de un dulce de tic tac o que estos fármacos solo eran parte de un negocio impulsado por las farmacéuticas.