En septiembre de 2013 un periodista y un reportero gráfico de El Colombiano visitamos el Trapecio Amazónico, una hermosa e intrigante región donde se unen Colombia, Brasil y Perú.
Durante una semana, navegando las aguas del Río Amazonas, recorriendo las calles de los poblados y caminando la selva, investigamos la problemática del narcotráfico, el tráfico clandestino de animales y madera, la minería ilegal y el cambio climático. Uno de los hallazgos más impactantes del trabajo fue que estos fenómenos de ilegalidad sobreviven gracias a las diferencias existentes entre las legislaciones de cada país, pese a que están separados por apenas 30 segundos a bordo de una canoa.
El resultado de la correría fue un producto multimedia, llamado “Amazonas, fronteras de vida y depredación”, en el que en un miniportal de internet incluimos cinco reportajes escritos, cinco minidocumentales en video y nueve galerías fotográficas. El proyecto recibió el reconocimiento del gremio periodístico a nivel nacional e internacional.
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Pero lo más gratificante fue el agradecimiento de nuestros lectores, que a través de redes sociales y en persona valoraron el esfuerzo de hacer visible una región tan olvidada por los Estados y saqueada por los criminales.
Cuando en pleno viaje llegamos a Puerto Alegría, una pequeña comunidad indígena en la entrada a la selva peruana, una turista se acercó.
- “¡Hey, Colombiano! Yo soy de Medellín, ¿ustedes que hacen por aquí tan lejos?”, nos preguntó.
- “¡Pa que vea mija, venimos a cazar historias a cualquier parte del mundo!”, le respondimos.
- “¡Síii, ese es mi periódico!”, dijo con una sonrisa.